Universidad Laboral de Gijón por El Gaviotu .
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Imaginemos un escenario, tan jocoso como preocupante, en el que el español medio ha decidido que la lógica financiera es tan pasada de moda como los discos de vinilo o las cintas VHS. En esta fantasía, un viaje de Semana Santa se ha convertido en el nuevo símbolo de estatus, eclipsando a los clásicos como coches de lujo o relojes caros. ¿Por qué? Porque nada dice «éxito» como endeudarse para pasar una semana viviendo la «dolce vita» en alguna playa o ciudad exótica, aunque después haya que volver a la cruda realidad de comer fideos instantáneos en un piso que pide a gritos una manita de pintura.

Los datos, sacados de un cuento de hadas económicas modernas, nos dicen que entre 2021 y 2023, las solicitudes de préstamos personales para viajes han aumentado un astronómico 200%. Sí, has leído bien. El endeudamiento por irse de vacaciones no solo se ha convertido en tendencia, sino que se ha catapultado al estratosfera de las decisiones financieras cuestionables.

Vamos a ponerlo en perspectiva: el importe medio solicitado ronda los 6.300 euros, y el español promedio se compromete a un plan de pagos a cinco años. Cinco años. Eso es más tiempo del que mucha gente pasa en una relación o en un trabajo. Todo esto, por supuesto, mientras los precios de los hoteles hacen malabares con los números, subiendo un 77% en febrero comparado con el año anterior. La inflación puede que sea un mito para algunos, pero los precios de los hoteles definitivamente no lo son.

Ahora, visualiza el aeropuerto: el peregrinaje de los endeudados, vestidos con su mejor imitación de moda «homeless chic», intentando evitar a toda costa esos suplementos adicionales por equipaje. Porque, claro, ¿quién necesita llevar ropa adecuada cuando puedes gastar ese dinero en un cóctel tropical, mientras ignoras sutilmente el hecho de que tu tarjeta de crédito está tan caliente que casi se derrite?

Y aquí radica la ironía suprema: en el afán de escapar de la monotonía, se entra en un ciclo de endeudamiento y sacrificios que dura mucho más que el bronceado adquirido en esas vacaciones. Comer bien, vivir en un lugar adecuado, disfrutar de las pequeñas comodidades de la vida… todo eso puede esperar. Porque, al final del día, ¿qué es más importante que unas vacaciones de las que estarás pagando el precio literal y figurado durante años?

Así que, mientras algunos sueñan con días soleados en playas lejanas, otros se preguntan si realmente vale la pena. Después de todo, la felicidad no se encuentra al final de un préstamo a largo plazo… a menos, claro, que tu definición de felicidad incluya recordatorios mensuales de tu banco durante los próximos cinco años. Pero, ¿quién soy yo para juzgar? Disfruta ese cóctel, amigo. Te lo has «ganado».

Nuevo turismo low cost que acaba con el concepto tradicional del turismo de calidad.

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