Mujer mayor caminando con bolsa de compra por una calle asturiana junto a manos sosteniendo una cartera con pocas monedas
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El empobrecimiento que los números nacionales no terminan de contar

El sindicato USO acaba de publicar el «Estudio de percepción de la economía entre la población española», elaborado por IO Investigación sobre 1.017 trabajadores. Los datos nacionales son duros. Aplicados a Asturias —la comunidad autónoma más envejecida de España y la novena en salario medio—, son devastadores. Hacemos el ejercicio que ningún medio asturiano va a hacer: traducir las cifras nacionales al territorio real.

La fotografía nacional, salarios que suben sin que nos mejore la vida.

El estudio USO arranca con un dato aparentemente positivo: el 78,5% de la población activa española asegura que su sueldo ha aumentado en los últimos cinco años. La impresión dura poco. Inmediatamente después, el informe revela que 7 de cada 10 trabajadores que han visto subir su salario reconocen que la subida ha sido inferior a la inflación. Únicamente el 12,5% ha ganado poder adquisitivo real. El resto, o se ha empobrecido sin saberlo, o no sabe ni cómo medir lo que ha perdido.

El sondeo, realizado entre el 10 y el 16 de marzo de 2026 con un error muestral del 3,1%, retrata una España donde el trabajo ha dejado de ser garantía de bienestar. El 43% de los hogares considera que su situación económica es peor que en 2021. El 33,5% de las personas que trabajan tiene dificultades para llegar a fin de mes. Y el 43,3% ha tenido que reducir la cantidad o la calidad de su alimentación. La palabra empobrecimiento es, técnicamente, la correcta.

Por qué Asturias no es un caso más.

El estudio USO identifica una asimetría por edades que es donde Asturias entra en escena: los mayores de 55 años son los que menos han mejorado su situación económica desde 2021. Solo el 15% de ese grupo declara estar algo o mucho mejor, frente al 21% medio. Son los que muestran la situación «más plana»: el 44% dice estar igual que hace cinco años, frente al 36% general.

Si esto pasa en España con un 20,4% de población mayor de 65 años, ¿qué está pasando en Asturias, donde esa proporción alcanza el 28,2%? La respuesta es matemática: el efecto se amplifica porque la cohorte estancada es proporcionalmente más grande aquí que en ningún otro territorio del Estado.

Los datos son del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Un perfil de las personas mayores en España, 2025) y del SADEI (Censo de Población 2025). Asturias supera a Castilla y León (27,08%), Galicia (26,77%) y a cualquier otra comunidad. Por cada niño menor de 15 años en Asturias hay casi tres personas de 65 o más. En concejos como Illano, Villayón, Ibias o Pesoz, son diez por cada niño.

Esto no es un dato demográfico abstracto. Es el chasis sobre el que se aplica todo lo que dice el informe USO. Y ese chasis está más envejecido que en ningún otro sitio.

El espejismo del «buen salario» asturiano.

A primera vista, Asturias no debería estar tan mal. Según el Decil de Salarios del Empleo Principal del INE, publicado en noviembre de 2025, el salario medio bruto asturiano en 2024 fue de 2.319,8 €/mes, el noveno más alto del Estado y solo un 2% por debajo de la media nacional. En el ranking de Hacienda, con datos del IRPF, Asturias aparece incluso entre las cuatro CCAA con salarios medios más elevados, con 24.581 € anuales.

El informe USO destruye ese relato con un dato que no se ha comentado en ningún medio asturiano. En la agrupación estadística «Norte» —donde entra Asturias junto con Galicia, Cantabria, Euskadi, Navarra y La Rioja—, casi el 30% de los trabajadores ha tenido que recurrir a un crédito o préstamo en los últimos dos años para llegar a fin de mes o afrontar un imprevisto. Es la segunda cifra más alta del Estado, solo por detrás del sur (31,58%).

Es decir: el norte cobra mejor que la media, pero financieramente vive con la misma angustia que las regiones más pobres. Tener un salario bruto más alto no significa absolutamente nada cuando los gastos rígidos —vivienda, energía, alimentación— se comen ese margen.

El propio informe USO, en datos nacionales, explica el mecanismo: de 2008 a 2025, los salarios han subido el 31,6%, frente al 54,3% de encarecimiento de los alimentos. En el último lustro, los sueldos crecen un 17,3% mientras los precios de la alimentación suben un 45,3%. Es una pérdida de poder adquisitivo de 28 puntos en cinco años, solo en la cesta de la compra.

Vivienda, el agujero asturiano que nadie quiere ver.

El estudio USO sitúa la vivienda como el condicionante número uno del resto de gastos. El 47,1% de las personas que viven de alquiler tiene problemas para llegar a fin de mes. El 78,2% ha tenido que reducir gastos habituales. Solo el 48,2% de los inquilinos puede ahorrar, frente al 75,4% de quienes ya han terminado la hipoteca.

En Asturias, este dato es especialmente cruel por una razón estructural: los precios del alquiler en Oviedo y Gijón han crecido más rápido que los salarios regionales, mientras que en el medio rural el problema no es el precio, sino que la vivienda asequible directamente no existe en condiciones habitables.

El informe USO también señala que en municipios rurales solo el 46,6% puede ahorrar, frente al 62% nacional. Asturias tiene 56 concejos que perdieron población en el último ciclo. La conjunción de salarios bajos en el rural asturiano, imposibilidad estructural de ahorro, y envejecimiento descontrolado configura una de las situaciones más explosivas socialmente del Estado. Aunque nadie la nombre así.

Comer peor y pasar más frío, la traducción cotidiana del empobrecimiento.

El estudio USO pregunta dónde se nota más la inflación. La respuesta es contundente: alimentación (83,4%) y energía (64,7%), muy por encima de cualquier otra partida. Y la respuesta del hogar trabajador a esas subidas no es metafórica: es renunciar.

El 43% de los trabajadores ha reducido la cantidad o la calidad de su alimentación desde 2021. El 51,3% ha reducido el uso de calefacción o aire acondicionado para abaratar la factura energética. Casi un tercio ha asumido temperaturas «menos tolerables para el bienestar» en su propia casa: más frío en invierno, más calor en verano.

Un salario digno es contrario a reducir la calidad de la alimentación o el bienestar ambiental del hogar. Mucho más, en el período estudiado, con los fenómenos meteorológicos extremos que hemos padecido.

La cita del propio informe tiene mucho más peso en Asturias, donde la población más vulnerable a un invierno frío o a una ola de calor es también la más numerosa proporcionalmente: los mayores de 65.

La desconexión entre beneficios y salarios.

Hay un dato del informe USO que merece subrayado especial. El 71,5% de los trabajadores españoles considera que los beneficios empresariales nunca o muy rara vez se traducen en mejoras salariales o incentivos para la plantilla. Solo el 3,8% cree que sí lo hacen «de forma clara».

Es una percepción que coincide con la realidad estadística: los márgenes empresariales en España están en máximos históricos mientras los salarios reales se han estancado. Pero, más importante todavía: revela una conciencia social ya consolidada de que el crecimiento agregado de la economía no se está repartiendo.

El reconocimiento económico que sienten los propios trabajadores por su trabajo es un «aprobado raspado»: 5,5 sobre 10 de media. Más personas suspenden esa relación entre trabajo y salario (28,5%) que las que la aprueban con nota alta (21,4%).

Las propuestas de USO y lo que faltan, el diagnóstico territorial.

El estudio USO concluye con un decálogo de propuestas: cláusula de revisión salarial ligada al IPC; nuevo índice IPC «ordinario» centrado en gasto habitual; Pacto de Estado por la vivienda; protección reforzada a jóvenes y mujeres; reforma fiscal que grave el capital y descargue las rentas del trabajo.

Son propuestas razonables. La mayoría son sensatas. Pero adolecen, desde la perspectiva de un territorio como Asturias, de un problema de fondo: todas son medidas estatales aplicables uniformemente al conjunto del territorio español. Y Asturias no es uniforme con el resto del Estado.

Una cláusula de revisión salarial ligada al IPC ayuda a un pensionista asturiano de Tineo igual que a uno de Tarragona, sí. Pero no resuelve que el primero vive en un concejo con un índice de envejecimiento superior a 800 (8 mayores por cada niño), sin transporte público real, sin servicios sanitarios próximos, y con un parque de vivienda en condiciones de habitabilidad cada vez más reducido. La medida nacional llega tarde y mal a quien más la necesita.

La pregunta institucional que la Junta General del Principado no se hace —y que ningún medio asturiano formula con claridad— es: ¿cuál es el diagnóstico territorial específico de Asturias, y qué plan operativo, presupuestado y temporalizado existe para abordarlo?

El Plan Demográfico 2017-2027 está a un año de concluir su vigencia. El Plan Especial para los Concejos del Suroccidente Asturiano cierra ciclo en 2025. Mientras tanto, la población asturiana sigue creciendo solo gracias a la inmigración exterior. Sin ella, la pirámide ya estaría hundiéndose visiblemente. 56 concejos perdieron población en el último ciclo. La desigualdad entre el centro urbano y las alas se ensancha. Y el informe USO, aplicado a este chasis, no es solo un retrato económico: es una alarma demográfica con consecuencias materiales inmediatas.

El espejo asturiano.

El Estudio USO no fue diseñado pensando en Asturias. Pero leerlo desde Asturias produce un efecto de espejo deformante: lo que el sindicato denuncia para España entera —empobrecimiento real bajo apariencia de subidas salariales, desconexión entre beneficios y salarios, ahogo doméstico estructural— aquí ya lo vivimos, además, sobre una base demográfica que no resiste mucho más.

El informe nacional reclama una respuesta política a escala estatal. En Asturias, hace falta algo más: un diagnóstico territorial honesto y un plan operativo que no se limite a maquillar las estadísticas del padrón. Mientras tanto, el resto seguiremos viendo cómo los datos nacionales son cada vez peores y cómo, aplicados a Asturias, son siempre todavía un poco más graves.

Asturias necesita su propio análisis. Y no lo va a hacer nadie por nosotros.

Fuentes consultadas:

  • Unión Sindical Obrera (USO) e IO Investigación: Estudio de percepción de la economía entre la población española, mayo de 2026. Base muestral: 1.017 entrevistas. Trabajo de campo: 10-16 de marzo de 2026.
  • Instituto Nacional de Estadística (INE): Decil de salarios del empleo principal, EPA. Datos 2024 publicados en noviembre de 2025.
  • Instituto Nacional de Estadística (INE) y Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): Un perfil de las personas mayores en España, 2025. Indicadores estadísticos básicos.
  • Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (SADEI): Censo de Población 2025. Estadísticas de empleo y demografía.
  • Instituto Asturiano de la Mujer (IAM): Índices de envejecimiento en Asturias, 2018-2025.
  • BOE-A-2024-11191: Ley 2/2024, de 30 de abril, de Impulso Demográfico del Principado de Asturias.

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