Gijón capital de la Costa Verde
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Una historia que pocos cuentan

Capital del concejo-municipio que lleva su nombre

Geografía del concejo

Su situación geográfica es de 43º 36´ 32´´ latitud Norte y  longitud Oeste 5° 39′ 43» Oeste con respecto al meridiano de Madrid. Limita al Norte con el mar Cantábrico; Sur con los concejos de Llanera y Siero; Este, concejo de Villaviciosa y Oeste con los concejos de Carreño, Corvera y Llanera. Así pues el concejo ocupa un fragmento del litoral cantábrico de 182 km2, que incluye en su extremo occidental al cabo de Torres y queda cortado en este límite por la desembocadura del río Aboño y en el oriental por la del Nora. Es el punto medio entre los cabos de Finisterre e Higuer y, asimismo, es zona intermedia de navegación entre los puertos de Bilbao-Santander y La Coruña. En comunicaciones terrestres extraprovinciales es estación terminal de la Renfe, de la línea, Ferrol-Gijón y de los autobuses Gijón-Irún, Gijón-Madrid. Dista de la capital de la provincia 28 km. por buenas autovía y autopista. Su clima es de temperaturas suaves no superiores a los 25° en verano y casi nunca inferiores a 6° sobre cero en invierno, con lluvias anuales de unos 900 mm. y rara vez nieve. El número de habitantes de su población está cerca de los 273.000, de los que 250.000 corresponden al casco urbano. El territorio, suavemente montuoso por las zonas S. y SO., estabiliza sus perfiles en el límite costero. La zona rural impone un cinturón de ambiente agrario y ganadero que aún ha sido absorbido por la migración al sector servicios y una residual industria de la zona urbana.

Historia

Considerando las descripcionones que sobre la situación de Noega, la ciudad más importante de la costa astúrica, dan Estrabón, Tolomeo, Plinio y Mela, algunos autores admiten la posibilidad de su identificación con la actual villa de Gijón. La IV Legión Macedónica estuvo establecida en la entonces isla de Santa Catalina -o La Atalaya- en campamento de­fendido por fuerte muralla y populosa guarnición, la cual se transforma en pequeña representación militar al pacificarse la provincia. Puede pensarse que este establecimiento militar fuera debido a que en el territorio hubiera un organizado y numeroso núcleo de población, cierta riqueza natural y buenas comunicaciones terrestres y marítimas con otros campamentos mili­tares romanos y que dicho núcleo de población organizada estuviera establecido en la península del Cabo de Torres, donde posteriormente se alzaría un monumento romano, una de las Aras sextianas, o acaso una torre o faro. Sin duda que hubo una gran preferencia hacia estos lugares por los conquis­ tadores romanos, a juzgar por los abundantes restos constructivos y múltiples topónimos.

Ausencia de vestigios relacionados con un posible establecimiento visigo­do. Esta circunstancia es común en casi toda la provincia.

En donación de Ordoño I, fechada el año 857, se cita por primera vez el territorio de Gijón. El cronicón de Sebastián (866-883?) menciona Civitate Gegione. En 905 hay una donación de Alfonso III a la Iglesia de Oviedo en la que se relacoiona Gijón con sus iglesias intra y extramuros (alusión a la muralla fortificada del período romano).

Algunos autores, tal como el arzobispo Ximénez de Rada, creen a Gijón ciudad desierta entre los siglos X al XI, circunstancia ésta que desmienten las numerosas obras de carácter religioso llevadas a efecto precisamente en estos siglos, tal como refiere la diplomática de la época, y donde frecuente­ mente se citan también los lugares del concejo; por ejemplo, la villa de Ataulio (Ataollo) como obras civiles -salinas y pesquerías-. Acaso Gijón en dichos siglos haya sufrido altibajos en su núcleo de población, con des­ viaciones urbanísticas, pero nunca el abandono total. Alfonso X, en donación al monasterio de San Vicente fechada en 1270, consigna «de nuestra Iglesia de la Puebla de Gijón que nos mandamos facer en Asturias». El mismo Rey, en carta de 1272, delimitando privilegios entre la Iglesia de Oviedo y el Monasterio de San Vicente, resuelve que «todos los que moraren en los celleros de San Salvador o ocarrearen heredades, que sean feligreses de la Eglesia que dicen de S. Pedro que tiene S. Salvador que es en la Puebla de Gijón». Se desconoce el Fuero, posiblemente otorgado por estos años. En el siglo XIV es gobernado Gijón por don Rodrigo Álvarez de las Asturias, que reunía los condados de Gijón y Noreña. Este importante personaje fue tutor del bastardo de Alfonso XI, que subiría al trono como Enrique II. Cuando heredó los tres condados por vía de su tutor, el pueblo de Gijón le guardó fidelidad en las luchas que sostuvo con su hermano de padre don Pedro l. Enrique II dio a su hijo Alfonso Enríquez los condados de Gijón y Noreña y este príncipe, a la muerte de su padre ( 1379), se rebela contra su hermano el rey Juan I, haciéndose fuerte en Gijón en 1383, siendo finalmente derrotado y hecho prisionero.

En la crónica de don Juan se menciona cómo el Rey mandó derribar seña­ ladamente la cerca y fortaleza. En 1390, Alfonso Enríquez es puesto en libertad por su sobrino Enrique III al tomar posesión éste del trono, devolviéndole todos los derechos y pertenencias en Asturias.         

Nueva rebelión de Alfonso Enríquez, esta vez contra su sobrino y bien­ hechor, y el monarca le confisca todos los bienes, entregando el condado de Noreña a la Iglesia de Oviedo. Pone cerco a la plaza de Gijón, declarán­ dose un período de tregua y es sometido el pleito al arbitraje del rey de Francia, en cuya sentencia el conde es calificado de «aleve y traidor». Huye Alfonso Enríquez a Bayona dejando la guarda de la villa a su esposa doña Isabel, quien antes de abandonar aquélla ( 1395) la incendia. Ordena el Rey que se arrase cuanto queda en pie y Gijón se incorpora a la Corona. En 1400 se inicia la repoblación de Gijón, previa autorización de Enrique III, librada en Real Cédula, en la que también confirma todas las mercedes y privilegios concedidos por él o sus antecesores. En 1480 los Reyes Católicos conceden autorización para que en Gijón se construya un puerto y se libren medios para llevarlo a cabo. En el siglo XVI aún no estaba totalmente concluido este puerto, mas existe un ·documento del municipio donde se expresa la necesidad de fondos para mejorar los astilleros, que ya datan del siglo XV. En 1600 Gijón inicia su actual fisonomía urbana extendiéndose sobre el arenal y la laguna que ponía cerco a su antiguo solar -isla de Santa Catalina-, lugar donde en principio se había levantado la «castra stativa» de la IV Mace­ dónica y más tarde de la plaza fuerte del conde. En 1640 Felipe IV acepta el proyecto del gobernador del Principado para hacer. de Gijón plaza de guerra, efectuando los planos de este proyecto el ingeniero don Jerónimo Soto. El proyecto no llegó a realizarse. También el rey Felipe IV anula el título de conde de Gijón y desestima las pretensiones del portugués conde de Linares. En 1703 estaba artillada Santa Catalina, y en 1749 se dispone que informe sobre las obras defensivas el ingeniero don José de la Croix, quien traza plano de la villa, del nuevo muelle y de las fortificaciones, siendo dotado Gijón de treinta piezas artilleras. A fines del siglo XVIII» Gijón es la capital marítima de la provincia, suprimiéndose la Comisaría de Llanes y Ribade­sella e independizándose a principios del siglo XIX de la Capitanía de Castilla, a la que pertenecía. En 1794 Gijón tiene ya definido su amplio campo industrial y comercial, característica que no abandonará. En este año Gon­zález Posada, en sus «Memorias del Principado», dice de la villa de Gijón:

«Tiene fábricas de loza fina, de medias, de curtidos, de cerveza, de dijes de azabache y de botones de uña; es puerto de mar habilitado para el comercio de Indias y está allí el Real Instituto o escuela de Náutica, Mineralogía, etc., que se abrieron en 7 de enero de 1794.»

De esta evolución económico-industrial no está ausente, naturalmente, el gran polígrafo Jovellanos, nacido en Gijón, y que siempre conservó un extra­ ordinario afecto hacia su villa natal. El 29 de abril de 1808 manifiesta la población de Gijón el primer síntoma de rebeldía contra la invasión fran­ cesa y el cónsul de dicha nación es expulsado. Puerto seguro y plaza forti­ficada presta innumerables servicios a la causa nacional. En mayo de .1809, Gijón es ocupado por los franceses, siguiendo las vicisitudes de abandono y ocupación por varias veces. En enero de 1812 es definitivamente abandonada por el ejército francés.

El escudo de la villa se forma en el siglo XVI por acuerdo municipal. Está compuesto por la figura del infante don Pelayo, armado, con la espada en la diestra y sosteniendo en la ·mano izquierda la cruz de roble que enarbolaba en las batallas.

Fuente : Magín Berenguer en sus Rutas de Asturias.

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