Aquí, puede escuchar el audio del artículo
Getting your Trinity Audio player ready...

Ya nada es igual desde la llegada del precariado – clase social emergente en Asturias-

Definición.

El precariado, esa palabra tan chic y moderna que nos regaló Guy Standing como si fuera una nueva marca de ropa urbana, justo en el apogeo de la moda de la crisis económica mundial de 2011. Porque, claro, nada dice «tendencia» como identificar a toda una generación con la inestabilidad laboral y económica. En el desfile de las desgracias económicas, países de alta costura como España, Francia y, por supuesto, Alemania —el eterno maniquí de Europa—, mostraron al mundo que incluso las economías más top pueden sufrir de un mal corte de tela. ¡Bienvenidos al club del precariado, donde ser parte de una estadística nunca ha sido tan glamuroso!

El tuteo, la norma social del precariado.

En la era dorada de la informalidad, donde las jerarquías se desmoronan con la misma facilidad que un castillo de naipes en un huracán, el tuteo emerge como el campeón indiscutible de la «igualdad». ¿Quién necesita títulos, respeto o la mínima deferencia cuando puedes tutear a diestra y siniestra, desde el CEO de tu empresa hasta el último de tus seguidores en Instagram? Al parecer, la cortesía es para los débiles, para aquellos anclados en el pasado, temerosos de zambullirse en las refrescantes aguas de la modernidad donde «todos somos panas».

Ah, pero qué liberador es deshacerse de las cadenas de la formalidad. ¿Por qué molestarse en establecer límites o mostrar un ápice de respeto cuando puedes asumir una falsa cercanía con quien apenas conoces? Claro, porque nada dice «soy una persona madura y profesional» como dirigirte a tu futuro empleador por su primer nombre en la primera entrevista. La etiqueta, ese concepto anticuado que nuestros ancestros se esforzaron tanto en pulir, ahora reducida a cenizas bajo el poder democratizador del tuteo.

Una oficina vibrante celebra la «Era de la Informalidad», donde todos, desde el CEO hasta los pasantes, se sumergen en un mar de ‘túes’ bajo el estandarte de una falsa camaradería, rodeados de un caos psicodélico que cuestiona si la verdadera empatía y el respeto mutuo se han perdido en el camino.

Pero no nos detengamos ahí. La comunicación digital, ese bastión de la evolución social, ha catapultado el tuteo a nuevas alturas. ¿Para qué escribir oraciones completas, con sujeto, verbo y predicado, cuando un «oye, tú» seguido de un emoji puede expresar exactamente lo que sientes? La profundidad emocional y el entendimiento mutuo ahora caben en 280 caracteres o menos, porque, evidentemente, la brevedad es sinónimo de eficiencia.

En este nuevo mundo valiente, donde las barreras del respeto se desvanecen como el humo, algunos valientes guerreros de la vieja escuela se atreven a cuestionar: ¿estamos sacrificando la cortesía en el altar de la igualdad mal entendida? ¿Es posible que, en nuestro afán por ser «cool» y «accesibles», estemos olvidando que ciertas convenciones sociales existen por una razón? Pero, ¿quién tiene tiempo para tales reflexiones? Después de todo, estamos demasiado ocupados tuteando al universo, convencidos de que nuestra familiaridad forzada es el pináculo de la progresión social.

Así que, adelante, continúa esparciendo el evangelio del tuteo, seguro de que estás construyendo un mundo más igualitario. Mientras tanto, los relictos de una era más cortés miramos, entre divertidos y consternados, cómo la distinción entre el respeto y la camaradería se difumina en un mar de «túes» y «tes», preguntándonos si alguna vez aprenderemos a navegar las aguas turbulentas de la verdadera empatía y el respeto mutuo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *