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CUANDO EL FRANQUISMO INVENTÓ AL PSOE

El PSOE, el mismo partido que pretende conmemorar los 50 años de la muerte de Franco con un centenar de actos en un tono exageradamente antifranquista, tiene, paradójicamente, sus orígenes ligados al propio régimen franquista.

La historia es como sigue: los dirigentes del PSOE se habían exiliado después de la Guerra Civil, en su mayoría a México. No es casualidad, pues México era un país donde la élite política pertenecía de forma masiva a la masonería. Durante las siguientes décadas, el partido languideció sin prácticamente ninguna actividad y, en todo caso, absolutamente desconectado de la realidad española, que comenzaba a cambiar, sobre todo a partir de cierto momento, de forma verdaderamente vertiginosa. 

Como consecuencia de esta desaparición práctica del PSOE, dentro de España surgió un grupo de socialistas —los llamados renovadores a comienzos de los años 70— formado por personajes que posteriormente serían muy relevantes en nuestra historia, entre ellos Rodríguez de la Borbolla, Alfonso Guerra, Carmen Romero, Luis Yáñez y un tal Felipe González, cuyo alias en la clandestinidad era Isidoro

Todos ellos formaron lo que se conoció como el Clan de la Tortilla, un nombre que surgió por una famosa foto en la que aparecían comiendo, como os podéis imaginar, una tortilla. Se trataba de un grupo marginal, pues el PSOE había estado perfectamente ausente durante toda la época de Franco. Solo el PCE había logrado formar algo parecido a unas redes de resistencia, convirtiéndose así en el aglutinante de toda la oposición al régimen. Quienes militaban en el PCE no necesariamente se sentían comunistas, pero encontraban en él la única fuerza organizada. 

Sin saberlo, ese pequeño grupo de socialistas marginales se estaba convirtiendo, para gente muy importante, en un objetivo político de primera magnitud. Los norteamericanos, que fueron los verdaderos diseñadores de la transición —encabezados por el secretario de Estado Henry Kissinger— querían evitar a toda costa que el Partido Comunista se convirtiese en la fuerza política hegemónica en el nuevo sistema que se adivinaba a la muerte de Franco, cercana por razones biológicas. 

Finalmente, en el XXVI Congreso del PSOE celebrado en Suresnes, al sur de Francia, el asalto al poder de Felipe González se escenificó. Según el general Manuel Fernández Monzón, militar reconocido y relacionado con los servicios secretos, para acudir a dicho congreso, el SECED (servicio de inteligencia del régimen) proporcionó a González y a los demás los pasaportes oportunos. Del trámite y protección de los socialistas se encargó el capitán José Faura, miembro del SECED. 

En Suresnes, líderes como François Mitterrand y Bruno Peterman, presidente de la Internacional Socialista, bendijeron toda la operación. Una vez entronizada la nueva dirección del partido, se aseguró su financiación. Los norteamericanos pidieron al SPD alemán, liderado por Willy Brandt, que avalara a los renovadores y les proporcionara fondos, logrando así cerrar el paso al PCE. 

El resultado fue que González alcanzó la Moncloa en 1982, y el PSOE, por tanto, pasó a ser el partido que el régimen necesitaba para neutralizar al Partido Comunista y garantizar los intereses de Washington en España. 

Fuentes y bibliografia consultada: Fernando Paz, historiador especialista en la España del siglo XX

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