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El consejero Borja Sánchez saluda como «un hito a largo plazo» la nueva infraestructura, que ofrecerá alta tecnología a quince empresas.

El pasado 18 de octubre se publica en el diario La Nueva España uno de tantos proyectos que anuncian los políticos asturianos, que ocupan todos los resortes del poder en la región y que vamos a realizar un análisis del mismo.

Comenzamos…

El texto describe la creación de una bioincubadora en Oviedo, una iniciativa que busca impulsar el desarrollo de empresas en el ámbito de las ciencias de la salud y la ingeniería, con el objetivo de crear hasta 100 puestos de trabajo. Sin embargo, desde un punto de vista crítico, es importante analizar si la inversión y los resultados esperados justifican el gasto público y privado involucrado.

Coste de la inversión.

La inversión total asciende a 2 millones de euros (1,2 millones de fondos europeos y 800.000 euros del gobierno regional), destinados a crear infraestructura de alta tecnología en un espacio proporcionado por el Ayuntamiento. El objetivo es generar 100 puestos de trabajo en cinco años. Esto implica un coste de 20.000 euros por puesto de trabajo si consideramos solo la inversión inicial, sin contar otros gastos operativos, subsidios o posibles ampliaciones. Es importante preguntarse si la creación de estos empleos en particular, en un sector específico, justifica este elevado coste cuando podría invertirse en sectores más accesibles o con mayor demanda laboral.

Sostenibilidad y viabilidad.

El proyecto depende en gran medida de la atracción de empresas externas, no solo asturianas, que quieran establecerse en la bioincubadora. Aunque se argumenta que existe una demanda entre los sectores científico y empresarial, no está claro cuán robusta es esta demanda ni si es suficiente para garantizar el éxito a largo plazo. A menudo, este tipo de proyectos pueden tener una alta barrera de entrada, y la competencia con otras incubadoras en España o Europa podría dificultar la atracción de las empresas necesarias.

Impacto real en el empleo local.

Si bien se mencionan 100 empleos, no queda claro cuántos de esos serán empleos locales ni qué tipo de perfiles se requerirán. En muchos casos, las iniciativas de alta tecnología tienden a atraer a profesionales especializados de fuera, lo que puede limitar el impacto directo en la población local. Además, el tiempo estimado de implementación (hasta 2027) podría hacer que los beneficios se perciban de manera tardía.

Éxito incierto y alta especulación.

Aunque se habla de un «hito» y de un «éxito asegurado», el proyecto parece estar envuelto en cierta especulación, como queda reflejado en las declaraciones del director de la Fundación Incyde sobre la posibilidad de futuras ampliaciones, lo que sugiere que el proyecto actual podría no ser suficiente. Inversiones adicionales podrían ser necesarias, lo que aumentaría el coste total sin garantía de retorno a corto plazo.

Concluyendo, desde un análisis crítico, aunque la bioincubadora presenta un enfoque prometedor y se alinea con las tendencias en tecnología y salud, la inversión inicial y los costes por empleo parecen elevados. Además, el éxito dependerá en gran medida de factores externos, como la atracción de empresas y la creación de un ecosistema robusto, lo que no está garantizado.

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