Gobierno del Principado de Asturias
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Entre utopías y quimeras

¡Oh, Ley del Impulso Demográfico, noble criatura nacida de las mentes más iluminadas de Asturias! ¡Cuánta esperanza despiertas en los corazones deshabitados de nuestras villas y ciudades! La nueva norma, que más parece un saco lleno de buenos deseos que un instrumento de ley, se presenta como el maná que ha de salvar a Asturias de su lenta agonía demográfica.

Con un preámbulo que más bien recita las glorias de la Agenda 2030, uno podría preguntarse si estamos ante un texto legislativo o el borrador de un poema épico dedicado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ¡Válgame Dios! ¿Es que acaso los asturianos necesitan ser salvados por tan magna carta, o es que se busca adornar nuestra triste realidad con las flores de la retórica?

Promete el texto combatir la despoblación y enarbolar la bandera de la sostenibilidad, pero ¿dónde están las cifras, los datos, los análisis que conviertan estos loables deseos en algo más que meras palabritas al viento? ¿O es que hemos de creer que por el simple hecho de mencionar la Agenda 2030 los jóvenes decidirán quedarse en sus aldeas, y no marcharse a buscar fortuna en tierras más prósperas?

Y hablando de igualdad y cohesión social, ¡ay! La ley predica con fervor casi religioso. Nos habla de inclusión social como si fuera la panacea que curará todos los males de Asturias, sin considerar que no se hacen tortillas sin romper los huevos. ¿Acaso se espera que la mera redacción de tales principios en el papel dé fruto sin más?

Claro que sí, debemos aplaudir el esfuerzo de mitigar el cambio climático, aunque uno pudiera argüir que Asturias, con sus verdes valles y montañas, poco tiene que ver con los humos industriales que asolan otros rincones del planeta. Pero, ¿por qué no? Si de salvar el mundo se trata, no seamos nosotros quienes nos quedemos atrás.

En resumen, la Ley del Impulso Demográfico parece más un intento de convencer a los asturianos de que el futuro será brillante, siempre y cuando sigamos al pie de la letra los mandatos de esta nueva biblia administrativa. Mas, cuidado, no vaya a ser que en nuestro empeño por seguir estos mandamientos celestiales, olvidemos atender las verdaderas necesidades de la tierra asturiana.

¡Asturias, que tu futuro no sea solo papel mojado en la tinta de las buenas intenciones!

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