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🐅 Un filósofo entre banderas y casetas

Por un instante, el aire de Gijón se volvió más denso. No por la bruma del Cantábrico, sino por la gravedad de un visitante inesperado: Julius Evola, con su bastón de guerra y mirada impenetrable, reaparecía —desde algún plano metafísico— para visitar la Feria del Libro de Gijón, la FeLiX2025.

🕰️ Había cabalgado al tigre durante casi un siglo. Ahora, estaba dispuesto a observar cómo ese tigre organizaba festivales subvencionados.


🚶 El paseo comienza…

Evola avanzó por el Paseo de Begoña, entre casetas llenas de colorines, banderas arcoíris y editoriales de nombres esotéricos pero contenidos previsibles. Se detuvo frente a un cartel que rezaba:

“📚 Las grietas de lo cotidiano: voces disidentes desde los márgenes del sistema cisheteropatriarcal.”

Levantó una ceja. No dijo nada. Pero en su interior, la misma sentencia que escribió en 1934 resonó como un eco afilado:

“La subversión moderna se disfraza de liberación.”


👩‍🎤 El stand de la ideología

Pasó por un coloquio sobre «feminismo rural en la literatura postpandémica» y otro titulado «memorias queer y decoloniales desde el norte periférico». Julius no estaba escandalizado. No. Estaba aburrido.

🧘‍♂️Él había leído el Baghavad-Gītā en sánscrito, traducido a Platón, descifrado a los alquimistas medievales… Y ahora le ofrecían panfletos de resiliencia emocional y microagresiones textuales.

La cultura, pensó, ya no eleva al alma. La acaricia, la victimiza, la deconstruye y la arrastra al fango de lo inmanente.


🏛️ Una cultura sin civilización

Frente al espacio de debates políticos, vio una mesa redonda titulada:

“⚔️ Deconstruyendo el canon: ¿por qué debemos cancelar a los clásicos?

📕 El moderador, con bufanda estival, dijo que Homero era protofascista, y que el Quijote era un símbolo de masculinidad tóxica.
📚 Una joven autora celebraba que su novela, premiada por el programa municipal “Lecturas sin normas”, no usaba puntos ni comas “para no replicar estructuras opresivas”.

Evola cerró los ojos. Tal vez, pensó, Dionisio ya había abandonado Occidente. Solo quedaban títeres sin tragedia.


🧨 Encuentro con la concejal

Fue recibido con asombro por la concejal de Cultura, Montserrat López Moro, que, lejos de parecerse a una aristócrata romana, encajaba más con una curadora de exposiciones disruptivas. Le ofreció una visita guiada al espacio “Geópolis: el desorden mundial”, con especial énfasis en «colonialismo energético, racismo climático y patriarcado ilustrado».

Julius sonrió, apenas.

“Usted no organiza ferias, señora… Organiza ritos de inversión: sustituye lo superior por lo inferior, lo bello por lo funcional, el símbolo por el panfleto.”

Ella respondió con un discurso sobre participación democrática y culturas periféricas. Evola, con cortesía, calló.

Pero pensó: la modernidad no ha destruido el Templo… lo ha sustituido por una carpa hinchable y le ha llamado progreso.


Reflexión final

Se sentó en un café cercano, lejos del ruido. Observó a los jóvenes que compraban libros de autoayuda ilustrada y teorías de género empaquetadas para TikTok.

📴 Nadie le reconoció. Ningún autor citado. Ninguna editorial que publicara a Spengler, Guénon o D’Annunzio.
Solo manuales de identidad, poesía líquida, y crónicas de lo banal.

Respiró hondo. Este mundo ya no es el suyo. Pero el que vendrá… tampoco.


🏁 Conclusión: no cabalgamos al tigre. Lo montamos en patinete eléctrico.

Julius Evola visitó Gijón por un día, y se fue sin nostalgia. La FeLiX2025 no es una feria del libro. Es una feria del yo herido, del trauma editorial y del activismo como estética.

📚 La cultura se ha vuelto un espejo, no una escalera.
🧨 Y mientras nos aplaudimos entre ruinas, el espíritu se retira en silencio.

Quizás algún día, cuando la última subvención se apague y las pantallas enmudezcan, alguien vuelva a escribir no para denunciar, sino para revelar.

Hasta entonces, como diría el propio Evola:

“Mantente firme en la tormenta, como el pilar entre ruinas. Ese es tu deber. No salvar el mundo, sino no hundirte con él.”

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