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Durante años, el Ayuntamiento de Gijón ha repetido una consigna hasta convertirla en verdad oficial, que la ciudad fue “la más bombardeada del norte de España” y que vivió “500 días bajo las bombas” durante la Guerra Civil. Sin embargo, los propios archivos municipales desmienten ese relato. No estamos ante un error historiográfico ni ante un matiz interpretativo, sino ante una construcción política de la memoria que ha sustituido documentos por eslóganes, cifras por emociones y archivos por propaganda cultural.

Cuando el eslogan sustituye al archivo

La exposición “Gijón bajo las bombas (1936–1937)”, inaugurada en 2011 en el Antiguo Instituto Jovellanos, pudo haber sido una aportación valiosa al conocimiento de la guerra en Asturias. Tenía material gráfico, testimonios y un tema legítimo. Pero eligió otro camino.

Desde ese momento, el relato sobre los bombardeos de Gijón dejó de apoyarse en estudios históricos rigurosos para convertirse en un producto cultural diseñado para impactar emocionalmente. La ciudad pasó a ser presentada como una víctima excepcional, casi única, dentro del norte de España. Los medios locales hicieron el resto, titulares inflados, cifras redondas, frases repetidas hasta la saciedad.

“500 días bajo las bombas”.
“La ciudad más bombardeada del norte”.
“15 meses de destrucción continua”.

El problema no es solo que esas frases sean exageradas. El problema es que son falsas.

Lo que dicen los archivos municipales (y el Ayuntamiento prefiere callar)

Cuando uno abandona la propaganda y entra en el Archivo Municipal de Gijón, la historia cambia de forma radical.

En el Expediente Ordinario nº 436/1940, elaborado por los propios servicios técnicos municipales tras la guerra, se recoge el listado oficial de edificios destruidos por acciones directas de guerra (bombardeos aéreos y cañoneos).

El resultado es claro, concreto y verificable:

Treinta y un (31) edificios.

Treinta y uno.
No cientos.
No barrios enteros.
No una ciudad arrasada.

Además, el expediente incluye direcciones concretas, lo que permite analizar la distribución real de los daños. No son opiniones. No son recuerdos. Son documentos oficiales del propio Ayuntamiento de Gijón.

¿Dónde están estos datos en la narrativa institucional actual?
No están.

Oviedo, la comparación que destruye el mito

La historia no se analiza en aislamiento. Se compara.

A apenas treinta kilómetros de Gijón, la ciudad de Oviedo sufrió durante el mismo periodo uno de los mayores niveles de destrucción urbana de toda la Guerra Civil española:

  • Aproximadamente 3.000 edificios arruinados.
  • 1.120 con destrucción total, barrios enteros desaparecidos.
  • Daños económicos evaluados entre 85 y 100 millones de pesetas.

Gijón, en cambio:

  • 31 edificios destruidos por acciones de guerra.
  • Daños evaluados entre 18 y 22 millones de pesetas.

Cinco veces menos.

Ante estos datos, la pregunta es inevitable:
¿cómo puede sostenerse que Gijón fue la ciudad más bombardeada del norte?

La respuesta es incómoda, no puede sostenerse, salvo que se renuncie conscientemente al rigor histórico.

Confundir bombas con decisiones políticas, la gran trampa

Aquí llegamos al punto más grave de toda la construcción memorial.

Existe otro expediente municipal, el Expediente Ordinario nº 229/1937, que recoge algo que rara vez se menciona en exposiciones, folletos o rutas de memoria:
118 edificios fueron derribados por decisión del propio Ayuntamiento del Frente Popular durante la guerra, con fines urbanísticos.

No fueron bombardeados.
No fueron alcanzados por la aviación.
Fueron demolidos por la piqueta municipal.

Entre ellos:

  • Iglesias parroquiales como San Pedro y San José, dinamitadas.
  • San Lorenzo, incendiada.
  • Manzanas enteras eliminadas para proyectos urbanísticos previos que no podían ejecutarse en tiempos de normalidad legal.

Estos derribos se realizaron, además, sin indemnización a los propietarios en muchos casos.

Sin embargo, décadas después, todo aparece mezclado en un mismo relato, ruinas, iglesias destruidas, barrios transformados… todo presentado como consecuencia directa de los bombardeos enemigos.

Eso no es historia, eso es manipulación.

¿Bombardeos indiscriminados contra la población civil?

Otro de los tópicos más repetidos es el de los bombardeos deliberados sobre barrios obreros y población indefensa.

De nuevo, los datos desmontan el mito.

De los 31 edificios destruidos por acciones de guerra:

  • Solo uno se localiza en el entorno de Cimadevilla.
  • La mayoría se concentran en zonas:
    • próximas a cuarteles,
    • infraestructuras militares,
    • entornos portuarios y ferroviarios,
    • objetivos estratégicos evidentes.

Además, el documento señala que no hubo un uso intensivo de bombas incendiarias sobre Gijón, lo que refuerza la idea de que no existió una estrategia sistemática de destrucción urbana indiscriminada.

Esto no niega el sufrimiento civil, niega la caricatura interesada del mismo.

Cuando la memoria se convierte en política cultural

El problema ya no es histórico. Es político.

A partir de 2011, el relato inflado sobre los bombardeos de Gijón se convierte en:

  • Material educativo,
  • Contenido cultural subvencionado,
  • Identidad política local.

Curiosamente, el propio comisario de la exposición ha reconocido públicamente que Gijón no fue la ciudad más bombardeada y que los ataques se concentraron en dos periodos concretos, no durante 15 meses continuos. Pero el daño ya estaba hecho.

El eslogan había sustituido al archivo, la consigna había reemplazado al dato.

Memoria democrática o propaganda institucional

La memoria democrática no puede construirse sobre exageraciones ni sobre medias verdades. Hacerlo no honra a las víctimas; las instrumentaliza.

Gijón no necesita inflar su pasado para merecer respeto.
Las víctimas de la guerra merecen verdad, no consignas.
Y los ciudadanos merecen una administración que consulte sus propios archivos antes de escribir la historia oficial.

Cuando un Ayuntamiento decide qué recordar y cómo recordarlo, asume una responsabilidad enorme. Y cuando lo hace prescindiendo deliberadamente de datos incómodos, deja de hacer memoria para empezar a hacer propaganda.

Concluyo…

Gijón fue bombardeada.
Sufrió.
Murieron personas.

Pero no fue la ciudad más bombardeada del norte, no vivió 500 días bajo las bombas y no fue arrasada de forma excepcional.

Eso no lo dice El Gaviotu. Lo dicen los propios archivos municipales de Gijón.

La verdadera pregunta es por qué el Ayuntamiento prefiere olvidarlos.

Notas

[1] Archivo Municipal de Gijón, Expediente Ordinario nº 436/1940. Relación oficial de edificios destruidos por acciones directas de guerra (bombardeos aéreos y cañoneos artilleros), elaborada por los servicios técnicos municipales tras la finalización de la Guerra Civil. El expediente incluye direcciones concretas y permite analizar la distribución real de los daños en el casco urbano.

[2] Archivo Municipal de Gijón, Expediente Ordinario nº 229/1937. Relación de derribos administrativos ejecutados por el propio Ayuntamiento de Gijón durante la guerra, con fines urbanísticos, no imputables a bombardeos enemigos. Incluye edificios religiosos y manzanas completas demolidas por decisión municipal.

[3] Alvargonzález Rodríguez, Ramón María. Las reformas urbanas de Gijón (1936–1937), en Ciudad y Territorio, vol. 3, 1978, págs. 75–78. Estudio académico basado en documentación municipal que contextualiza los daños urbanos de Gijón y los compara con los sufridos por otras ciudades asturianas, especialmente Oviedo.

[4] Andrés Eguiburu, Miriam. La arquitectura de la victoria, págs. 148–149. Análisis comparativo de los costes de reconstrucción urbana tras la Guerra Civil, con datos económicos contrastados para Gijón y Oviedo, que evidencian una diferencia sustancial en el grado de destrucción.

[5] Adenda – Diario de la guerra aérea en Asturias (1934–1937), 4.ª versión. Documento de análisis histórico-crítico que recopila fuentes archivísticas, datos cuantitativos y comparación territorial sobre los bombardeos en Asturias y, en particular, en la ciudad de Gijón. Base documental principal del presente artículo.

[6] Fondos fotográficos de Foto Vink y Constantino Suárez, Museo del Pueblo de Asturias (Gijón). Material gráfico utilizado para ilustrar daños reales causados por acciones bélicas y para distinguirlos de derribos administrativos posteriores o contemporáneos.

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