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Imposición de la Llingua y el encubrimiento de la realidad en Asturias

Este artículo critica fuertemente la imposición de la Llingua, cuestionando la legitimidad del movimiento y el uso de medios para manipular la percepción pública, por lo cual, queremos enfatizar la necesidad de priorizar los verdaderos problemas de la región sobre los debates lingüísticos artificiales.

En un esfuerzo reciente por parte de un sector de la academia y la política asturiana, hemos sido testigos de un peculiar fenómeno de ingeniería lingüística: la promoción de la llamada llingua. Este intento por elevar un dialecto a la categoría de lengua oficial, amparado en reivindicaciones culturales, oculta una realidad menos idealista y más manipulada.

El movimiento de imposición lingüistica comienza en el tardofranquismo con elementos militantes en el conocido como Conceyu Bable, que empezó a manifestarse en la calle, años más tarde sobre 1976 como una iniciativa de profesores de literatura española. Se ha ido gradualmente, a lo largo de estas décadas e infiltrándose en la administración pública con un objetivo claro: desplazar el español e imponer su construcción lingüística. Esta estrategia, disfrazada de reivindicación cultural, ha conducido a la convocatoria de manifestaciones que, pese a su escasa afluencia —con no más de 1,500 asistentes según cifras policiales—, reciben una cobertura mediática desproporcionada por parte de la prensa subvencionada, distorsionando la percepción pública sobre el verdadero apoyo popular a esta causa.

El presidente del Principado, Adrián Barbón, y otros políticos se han prestado a este juego, abriendo un debate sobre la oficialidad de la llingua basándose en un supuesto «clamor popular», que no es más que un eco mediático amplificado por intereses políticos y no por una demanda genuina de la mayoría de los asturianos. Las redes sociales y declaraciones políticas sugieren un consenso que no se refleja en las calles ni en la práctica cotidiana.

Además, la insistencia en reconocer oficialmente la llingua no solo ignora la primacía del español en la vida cívica y educativa de Asturias, sino que también plantea un grave riesgo de fragmentación social y confusión administrativa. La llingua, en sus fundamentos, es un invento reciente que busca ser impuesto sobre una población que, en su gran mayoría, se comunica y opera eficazmente en español.

La artificialidad de este movimiento se manifiesta no solo en su retórica, sino en las propias dinámicas de su promoción. La falta de transparencia en el proceso y la presión sobre los políticos para adoptar una postura que no refleja el sentir de su electorado, evidencian una manipulación de la democracia participativa. A esto se suma el discurso de la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana, que, lejos de fomentar un diálogo inclusivo y representativo, impone un ultimátum: reconocimiento o nada.

Frente a este escenario, es esencial que la ciudadanía y los medios no subvencionados respondan con una crítica fundamentada y una resistencia informada. Asturias no necesita divisiones lingüísticas impuestas sino soluciones reales a los problemas que sí afectan el día a día de sus habitantes, como el desempleo, la despoblación y la crisis económica.

En conclusión, el intento de imponer la llingua como lengua oficial en Asturias no es un movimiento cultural auténtico, sino una estrategia política que busca reescribir la identidad de una región bajo premisas cuestionables y con métodos discutibles. Es momento de que los asturianos exijan transparencia, representatividad y, sobre todo, respeto por la lengua que todos, sin excepción, hemos hablado desde nuestra infancia: el español.

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