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¡Bienvenidos a Asturias! la tierra que una vez rugió con la fuerza de su industria y que ahora, en un giro digno de una telenovela, lidera en un ámbito completamente diferente: la baja productividad.

Sí, señoras y señores, donde antes había humo y acero, ahora hay… bueno, un montón de micropymes y una innovación que brilla por su ausencia.

El efecto micropyme.

Asturias, con un cariño especial por lo pequeñito (ya saben, esas microempresas que caben en una caja de zapatos), se ha convertido en el reino de lo minúsculo. ¿Quién necesita grandes empresas cuando puedes tener miles de micropymes, verdad? La eficiencia y la productividad pueden que no sean su fuerte, pero ¡oh, la intimidad de trabajar en un espacio reducido!

Innovación, el arte de mantenerse estático.

Cuando se trata de innovación, Asturias adopta una filosofía más… tradicionalista. ¿Para qué cambiar y adaptarse cuando puedes permanecer cómodamente en el siglo pasado? La inversión en I+D es tan baja que casi se necesita un microscopio para encontrarla, situando a Asturias en el luminoso quinto lugar por la cola en gasto de innovación. ¡Bravo!

La fuerza laboral del ayer para los trabajos de mañana.

Y hablemos del personal: Asturias alardea de tener una de las fuerzas laborales más envejecidas del país. ¿Quién necesita juventud y dinamismo cuando puedes contar con la sabiduría de la edad? Eso sí, esperamos que la sabiduría incluya cómo enviar un email, porque las habilidades digitales también están, digamos, «en desarrollo».

La conclusión es que estamos orgullosos de ser los último, cachopo gaita y tambor.

En resumen, Asturias se mantiene firme en su compromiso de no liderar en nada que tenga que ver con la productividad o la innovación. Pero no todo es malo, ¿eh? En un mundo obsesionado con ser el número uno, Asturias se atreve a ser diferente. Después de todo, ¿ quién quiere ser primero pudiendo ser… décimo?


Este tono sarcástico resalta las áreas de mejora de Asturias en un estilo humorístico, manteniendo el respeto pero invitando a la reflexión sobre los desafíos actuales.


En un despliegue espectacular de ingenio económico, por parte de los «cabeza de huevo» que mandan y gobiernan en Asturias, oligarcas y políticos, han catapultado al codiciado séptimo lugar en el ranking de «cómo no hacerlo» en el contexto del crecimiento medio de la productividad real entre 2000 y 2022. Aplaudamos su casi heroico retroceso del 7%, una hazaña que, sin duda, requería de un compromiso inquebrantable con la tradición de no seguir el ritmo europeo. Mientras que regiones como Navarra, el País Vasco, Galicia y Castilla-La Mancha coqueteaban con la idea de convergencia con la Unión Europea, Asturias se mantenía firme en su resolución de mantenerse auténtica, divergiendo con estilo y una pizca de rebeldía.

En el periodo de 2000 a 2007, Asturias brilló como la novena región que más audazmente eligió un camino diferente, solo para superarse en el periodo de 2007 a 2013, momento en el cual ascendió al cuarto lugar en el exclusivo club de «convergencia, ¿ qué es eso?». Sin embargo, lejos de descansar en sus laureles, la región se embarcó en una nueva aventura de descolgamiento en el periodo de 2013 a 2022, asegurándose un impresionante noveno puesto en el concurso de «¿crecimiento? No, gracias».

Este viaje no es solo un testimonio de la resistencia asturiana ante la presión de seguir las tendencias económicas europeas, sino también un recordatorio conmovedor de que, en la carrera hacia la convergencia, Asturias prefiere disfrutar del paisaje y tomar el camino escénico. Después de todo, ¿ quién necesita el aburrido crecimiento de la productividad cuando se tiene la belleza natural, la rica historia y la cultura culinaria de Asturias?

Mientras el resto de Europa se afana en números y estadísticas, Asturias se alza como un faro de individualidad, recordándonos que, a veces, retroceder no es perder, sino simplemente tomar un respiro para admirar la vista. Así que, levantemos nuestras sidras al aire y brindemos por Asturias: la región que audazmente va donde pocas se atreven, hacia el tranquilo reino de la divergencia productiva.

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