Del alto horno al autoempleo: las cuentas que Valnalón no quiere que hagas
Casi cuatro décadas de relato institucional no pueden ocultar una aritmética demoledora: al ritmo de Valnalón, hacen falta más de mil años para reponer los empleos que perdieron las cuencas.
Las cuentas que nadie quiere hacer
En el primer semestre de 2025, el Gobierno del Principado de Asturias y la sociedad pública Valnalón celebraron con orgullo que el Semillero de Proyectos había superado las mil empresas creadas desde 1992. El dato se presentó como un hito histórico de la reconversión económica de la cuenca del Nalón. Hubo entrevista en el principal periódico regional, nota de prensa institucional y titulares complacientes.
Pero basta con hacer una operación aritmética sencilla para que el hito se convierta en epitafio.
Mil empresas en treinta y tres años arroja una media de unas treinta al año. En 2024, el último ejercicio con datos, se crearon exactamente veinticuatro. El total de empleos generados en más de tres décadas ronda los 1.220, lo que da una ratio de 1,2 empleos por empresa. Estamos hablando, en su inmensa mayoría, de autoempleo puro y duro.
Pongamos ahora esas cifras en contexto. La reconversión del carbón y la siderurgia en Asturias destruyó entre 40.000 y 50.000 empleos directos en menos de quince años. Aquellos eran puestos de alta cualificación sectorial, salarios por encima de la media regional, contratos indefinidos y fuerte cobertura sindical. Al ritmo de treinta microempresas al año, con 1,2 empleos cada una, se necesitarían más de mil años para reponer lo perdido. La metáfora no es retórica: es una división.
La entrevista que lo confiesa sin saberlo
El Colectivo El Gaviotu ha publicado un policy paper en el que analiza, desde la sociología del trabajo, la trayectoria real de Valnalón y los mecanismos discursivos mediante los que la narrativa institucional ha convertido un fracaso estructural en un relato de éxito acumulado. El documento toma como objeto de análisis privilegiado la entrevista publicada en La Nueva España en mayo de 2025 con motivo de ese famoso millar de empresas.
Lo que revela esa entrevista, leída como texto político, es demoledor.
«Eso murió; ese tipo de negocio es ahora un ser muy residual y no genera tanto margen como dejaba en la época.»
— Responsable del Semillero de Proyectos, La Nueva España, mayo 2025El Incuvatic ha muerto. El centro TIC inaugurado en 2001, presentado durante años como la joya del relato modernizador —del acero al bit, de la fábrica al centro tecnológico—, es reconocido como un modelo agotado. Los negocios de páginas web e informática que iba a incubar son hoy «muy residuales» y ya no generan margen. La ola tecnológica en la que Valnalón embarcó su segundo relato de futuro se cerró sin dejar un tejido productivo sólido. Que esta admisión no haya sido interpretada como el certificado de defunción de una estrategia, sino como una anécdota simpática en una entrevista de celebración, es en sí mismo un dato político de primer orden.
El perfil del emprendedor se ha invertido por completo. La propia entrevista describe al usuario tipo del Semillero: una mujer de entre 35 y 45 años, con estudios de secundaria o superiores, que emprende en el sector servicios. Es un perfil que está a máxima distancia del objetivo fundacional de Valnalón, que nació para regenerar una economía construida sobre el trabajo industrial masculino, sindicalizado y con identidad de clase. El desplazamiento no es parcial: es total. Lo que se describe, sin asumirlo, es el perfil de la economía de subsistencia postindustrial.
La ralentización es estructural, no coyuntural. La propia entrevista admite que desde la pandemia se ha producido una ralentización en el desarrollo de proyectos. El paper del Colectivo argumenta que esta ralentización no es un efecto pasajero del COVID-19, sino la señal de que el modelo ha agotado su población diana natural. Si las condiciones socioeconómicas de las cuencas no han mejorado —despoblación, envejecimiento, caída de la demanda interna—, la pandemia sólo aceleró un estancamiento que ya estaba en marcha.
El desplazamiento: de la fábrica al mandato vacío
La evolución de la denominación de Valnalón es uno de los indicadores más claros de la rebaja continua de expectativas. Cada cambio de nombre corresponde a un ajuste a la baja del mandato original.
Del trabajador industrial sindicalizado al autoempleo en servicios. De la cuenca del Nalón a «toda Asturias». De un mandato concreto y evaluable a una definición tan difusa que puede satisfacerse con resultados mínimos. El desplazamiento no es parcial: es total.
Los mecanismos del relato
El policy paper identifica con precisión los recursos retóricos que han permitido a Valnalón y al Principado mantener durante casi cuatro décadas una narrativa de éxito sobre un balance objetivamente insuficiente.
No es sólo Valnalón: es el modelo
Sería injusto reducir el problema a una entidad concreta. El policy paper sitúa el caso Valnalón en un marco más amplio: el del «giro emprendedor» que experimentaron las políticas de reconversión territorial en toda Europa occidental desde los años noventa. Un giro en el que los gobiernos dejaron de ser proveedores directos de empleo industrial para convertirse en facilitadores del autoempleo individual, trasladando al ciudadano la responsabilidad de su propia empleabilidad.
La literatura académica ha documentado ampliamente cómo este modelo tiende a crear tejido productivo frágil, muy dependiente de la demanda local deprimida, con bajos salarios y alta volatilidad. Las cuencas mineras asturianas son un caso de laboratorio de ese proceso. Las regiones más desindustrializadas —las que más necesitan la reconversión— son precisamente las que peor dotadas están para producir emprendedores viables en sectores de alto valor añadido.
Lo que se le debe a las cuencas
No se trata de destruir Valnalón ni de negar que ha prestado un servicio real a miles de personas. Se trata de algo más fundamental: de ser honestos.
Honestos con la ciudadanía de las cuencas mineras, que lleva cuatro décadas esperando una reconversión que nunca se produjo mientras se le presenta un goteo de microempresas de servicios como si fuera el relevo industrial prometido. Honestos con los datos, publicando indicadores reales de supervivencia empresarial, calidad de empleo y comparación con lo perdido. Y honestos con el debate político, reconociendo que un semillero de microempresas, por bien gestionado que esté, no puede sustituir a la gran industria como base del empleo y la cohesión social de un territorio.
Esa honestidad es una condición mínima del debate democrático sobre el futuro de las cuencas. Lo que no es admisible es seguir celebrando como un hito lo que, a la luz de las cifras, es la medida exacta de un fracaso.
No se trata de destruir Valnalón. Se trata de ser honestos con las cuencas.
Este artículo se basa en el policy paper «Del alto horno al autoempleo», publicado por el Colectivo El Gaviotu en mayo de 2026. Documento completo disponible para consulta.
Leer el paper de El Gaviotu en este enlace….
