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Cuando el cártel Woke quiso borrar a Woody Allen de las calles de Oviedo

A comienzos de 2018, un movimiento feminista trufado de ideología woke, presionó al Ayuntamiento de Oviedo retirar la estatua dedicada al genial director de cine.

Hoy recordamos con esta sátira aquellos días. Y recuerden, ni un paso atrás para que no ocupen nuestro espacio que vamos cediendo por no dar la batalla cultural.

El fenómeno woke ( despierta) es la nueva religión de la izquierda.

¡Oh, qué época tan gloriosa la nuestra, en la que retrocedemos con tanto estilo que casi podemos oler la peste bubónica en el aire! En este desfile de renacimiento medieval, resulta que las estatuas, esos inertes pedazos de piedra o metal, ahora son el nuevo enemigo público número uno. ¡Alerta, ciudadanos del siglo XXI! Vuestras ideologías podrían ser corrompidas por una figura de bronce.

Y hablando de corrupciones y cuentos de hadas, en la siempre pintoresca Oviedo, la ciudad que acoge a “La Regenta” como si fuera su estrella de rock local, ha surgido un movimiento que, ¡sorpresa!, quiere deshacerse de Woody Allen en forma de estatua. ¿El motivo? Al parecer, tiene más pecados que una novela de Marqués de Sade en rebajas.

La estatua de Woody en Oviedo no solo fue levantada porque el hombre tuvo el detalle de pasarse a recoger un premio en persona –un gesto tan raro hoy en día como encontrar una película sin secuela– sino porque dijo que Oviedo era «una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada». ¡Oh, Woody, no sabías lo que desatabas! El hombre también se atrevió a alabar a Asturias como un faro de cultura en Europa. ¡Imagínate!

Pero claro, ahora resulta que algunos lugareños, armados con la moralidad de un puritano en un burdel, han decidido que Woody no merece estar ahí, levantando sospechas de pederastia y pedofilia. Personalmente, los escarceos de dormitorio de Woody me interesan tanto como un documental sobre la cría del caracol en cámara lenta, pero su obra cinematográfica… eso ya es otra historia. Esa es la razón por la que su estatua se pasea por Oviedo, no porque el hombre sea un santo.

Ahora los inquisidores del teclado han decidido que Woody es culpable hasta que se demuestre lo contrario, y aunque los tribunales digan que no hay caso, pues qué más da. Si vamos a empezar a juzgar el arte por la vida personal de sus creadores, mejor que nos preparemos para borrar medio museo del Prado, no vaya a ser que las pinturas nos miren feo.

En fin, que los tribunales de justicia en EE. UU. han archivado el caso, pero los tribunales de la opinión pública y los titulares sensacionalistas parecen tener una jurisdicción mucho más extensa. A esos jueces de la moralina les lanzo un desafío: si sois tan inmaculados, adelante, lanzad la primera estatua. ¡Pero cuidado, no os vayáis a hacer daño en el pie!

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