Pasarela al lago Enos-Parque Nacional de los Picos de Europa
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🌿 Hacia un nuevo modelo asturiano de gestión y vida rural

1️⃣ Un parque vivo que se apaga

En la vertiente asturiana del Parque Nacional de los Picos de Europa, la naturaleza y la cultura rural han convivido durante siglos. Sin embargo, los últimos veinte años han traído un proceso silencioso pero devastador: pérdida de población, envejecimiento, abandono de majadas y desarticulación del tejido ganadero. 

Los municipios de Onís, Amieva o Peñamellera Alta han perdido entre un 20% y un 30% de sus habitantes desde el cambio de siglo. La edad media supera los cincuenta años y las escuelas rurales cierran una tras otra. Según datos del Observatorio de Parques Nacionales y del INE, el 29% de la población residente en el área de influencia de Picos supera los 65 años. El 77% de los ganaderos activos en Asturias tiene más de 45 años. La “España vacía” encuentra aquí su expresión más alta: un territorio de valor ecológico incalculable, pero con una base social en extinción. 

La ganadería extensiva, que durante siglos modeló estos paisajes, sobrevive gracias a la tenacidad de unos pocos. Los pastos de altura, los invernales y las majadas que fueron emblemas de la cultura pastoril se están cerrando por falta de relevo generacional. En palabras del geógrafo Fermín Rodríguez Gutiérrez, autor de La identidad geográfica del Parque Nacional de los Picos de Europa, “el paisaje que hoy admiramos es el resultado de una alianza entre la naturaleza y el trabajo humano; suprimir uno de los dos términos rompe el equilibrio”. 

La conservación del parque —una de las joyas naturales de Europa— ha avanzado en términos ecológicos, pero ha retrocedido en lo humano. Los pueblos de Picos envejecen, los jóvenes emigran y los recursos tradicionales se pierden. En los valles asturianos, la despoblación ya no es solo un fenómeno demográfico, sino un riesgo ambiental: sin actividad rural, los montes se cierran, aumenta el riesgo de incendios y se empobrece la biodiversidad cultural. 

2️⃣ Una conservación sin territorio

El Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) de 2019, y el borrador de 2025 aún pendiente de aprobación, han consolidado una visión burocrática de la conservación. Las normas se multiplican, las autorizaciones se eternizan y las decisiones se toman lejos de los pueblos que mantienen vivo el parque. Desde El Gaviotu consideramos que este modelo ha derivado en un inmovilismo institucional que ni protege mejor el medio ni mejora la vida de quienes lo habitan. 

El principal fallo estructural es la fragmentación de competencias. Tres comunidades autónomas —Asturias, Cantabria y Castilla y León— comparten el mismo parque sin una gestión verdaderamente común. Como reconoce el propio Organismo Autónomo Parques Nacionales, la gobernanza “a tres bandas” ha sido fuente de retrasos, contradicciones y parálisis. Los habitantes del oriente asturiano viven así bajo un régimen de normas que no sienten suyo. 

A esto se suma una concepción del parque como “espacio intocable”, casi un santuario natural ajeno a la presencia humana. El PRUG regula el paso de vehículos, la ganadería o la caza, pero ignora la raíz del problema, la desaparición de la población que daba sentido a esos usos. Se protege el paisaje, pero se olvida a quien lo hizo posible. La consecuencia es una conservación sin territorio, un paisaje perfecto, pero cada vez más deshabitado. 

En el Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles (2020), Fermín Rodríguez Gutiérrez advertía: 

“La gestión de Picos de Europa se ha abordado con un enfoque naturalista y burocrático para resolver un problema que en realidad es de ordenación del territorio.” 

Esa frase resume el fracaso de una política ambiental que ha confundido protección con aislamiento. Un parque nacional no puede ser un museo natural; debe ser un espacio vivo donde la conservación y la actividad humana se complementen. Sin habitantes, la conservación se convierte en una forma sofisticada de abandono. 

El actual PRUG ha ignorado, además, el mandato legal de elaborar un Plan de Desarrollo Sostenible (PDS) para las zonas de influencia. Ese instrumento —destinado a compensar a los municipios y fomentar actividades compatibles con la conservación— se ha reducido a pequeñas subvenciones anuales y proyectos dispersos, sin continuidad ni estrategia. La ZIS (Zona de Influencia Socioeconómica) se ha tratado como un apéndice presupuestario, cuando debería ser el corazón de la gestión territorial. 

3️⃣ Hacia un modelo asturiano de gestión territorial

Frente a este panorama, El Gaviotu propone un modelo alternativo de gobernanza y gestión, que devuelva a Asturias un papel protagonista en la gestión de su vertiente de Picos de Europa. No se trata de oponer conservación y desarrollo, sino de reconciliarlas en un modelo de territorio vivo

🧭 Gestión integrada de un consorcio interautonómico con sede en el territorio.

La primera medida debe ser institucional, crear un órgano de gestión unificado que actúe a escala de macizo, superando los límites autonómicos. El actual sistema tripartito ha demostrado su ineficacia. Un consorcio interautonómico con financiación compartida, y sede operativa en el territorio, permitiría coordinar políticas ambientales, agrarias y turísticas bajo un mismo plan estratégico. 

El futuro PRUG 2025 debería incorporar un Plan Territorial Especial para el Parque Nacional y su zona asturiana de influencia, donde se integren conservación, ordenación del suelo, movilidad, accesos, vivienda y servicios rurales. Como recordaba Rodríguez Gutiérrez, “la montaña no necesita más reglamentos, sino planificación territorial a su escala”. 

👥 Participación local, consejos de desarrollo rural con voz real.

Ninguna política ambiental tendrá éxito sin participación. Se propone constituir un Consejo de Desarrollo Rural de la ZIS asturiana, con presencia de alcaldes, ganaderos, asociaciones turísticas, vecinos y expertos. Este consejo debe tener capacidad consultiva real sobre las normas del PRUG y sobre las prioridades de inversión en la zona de influencia. 

Las comunidades rurales no deben ser vistas como “usuarios a vigilar”, sino como aliadas de la conservación. Incorporar el conocimiento local —pastos, fauna, clima, manejo tradicional— a la gestión puede reducir conflictos y aumentar la eficacia. Como recuerda la literatura científica sobre los parques de montaña, los sistemas tradicionales son, en muchos casos, más sostenibles que las soluciones tecnocráticas impuestas desde fuera. 

🐄 Reconocimiento de la ganadería tradicional, majadas y brañas como patrimonio vivo.

El PRUG 2025 debe reconocer y proteger los núcleos tradicionales de actividad ganadera —majadas, brañas, invernales— como parte del patrimonio cultural y ecológico del parque. Estos espacios no son reliquias del pasado, sino estructuras vivas que mantienen abierto el paisaje y conservan una biodiversidad única. 

Su abandono acelera la degradación ambiental: los matorrales invaden los prados, se pierden pastos y aumenta el riesgo de incendios. Un programa de apoyo a los ganaderos que mantienen estos sistemas —rehabilitación de cabañas, derechos de pasto, pagos por servicios ambientales— sería una inversión en conservación activa. 

💡 Zona de Influencia Socioeconómica activa, innovación, turismo sostenible y productos locales con marca “Picos de Europa”.

La ZIS no puede seguir siendo un territorio subsidiado. Debe transformarse en un espacio de innovación rural, capaz de generar empleo, atraer población y demostrar que la sostenibilidad también puede ser rentable. 

El Gaviotu plantea tres ejes prioritarios: 

  1. Turismo sostenible y desestacionalizado, con rutas interpretativas, turismo científico y cultural, gestionado por cooperativas locales. 
  1. Marca “Parque Nacional Picos de Europa” para productos agroalimentarios elaborados en la vertiente asturiana bajo criterios ecológicos (queso, miel, carne, artesanía). 
  1. Programas de innovación territorial, financiados con fondos europeos, centrados en la digitalización, energías renovables a pequeña escala y formación rural. 

La conservación será socialmente legítima sólo si mejora la vida de las personas. No hay ecosistemas saludables sin comunidades saludables. 

4️⃣ Un cambio de paradigma necesario

La revisión del PRUG 2025 es una oportunidad histórica para que Asturias marque una diferencia. Los Picos de Europa no pueden gestionarse con la mentalidad de un santuario cerrado ni con la pasividad de la burocracia ambiental. 

Desde El Gaviotu consideramos que la conservación debe verse como un proyecto social, proteger la naturaleza implica proteger también a quienes la sostienen. La administración autonómica debe liderar este cambio, asumiendo que el futuro del parque depende tanto de la biodiversidad como de la pervivencia de las comunidades rurales

Asturias tiene capacidad, conocimiento y legitimidad para ensayar un modelo propio. Un modelo que integre a los ganaderos, los guías, los artesanos, los jóvenes emprendedores y los investigadores en un pacto común: conservar viviendo. 

El geógrafo Fermín Rodríguez escribía que “la montaña necesita planificación a su escala, y no fragmentación a su medida”. Esa idea resume el reto del momento actual. La conservación no puede seguir siendo un fin en sí mismo; debe ser un medio para lograr un territorio justo, equilibrado y habitable. 

Los Picos de Europa no son sólo un paisaje, sino una forma de vida. Su futuro dependerá de nuestra capacidad para devolverles voz a sus habitantes. Si el nuevo PRUG 2025 no incorpora esa visión, volverá a ser una norma vacía; si lo hace, puede convertirse en el ejemplo más avanzado de gobernanza territorial en España. 

📚 Fuentes consultadas

📗 Fermín Rodríguez Gutiérrez, La identidad geográfica del Parque Nacional de los Picos de Europa
📊 OAPN, Informes socioeconómicos del PNPE
📈 INE / SADEI, datos demográficos 2023–2025 Bancos de datos demográficos.
📜 Borradores del PRUG 2019–2025, Ministerio para la Transición Ecológica

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