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Análisis que no se realiza desde el punto de vista de un político

Conferencia en la Tribuna de la Historia de la Historia | 2016

Vamos a hablar de Franco, y más concretamente, de la memoria histórica que gira en torno a su figura. Sin embargo, este análisis no se realizará desde el punto de vista de un político, sino desde la perspectiva de un historiador que ha tenido acceso a documentos originales, numerosos y, a mi juicio, de gran relevancia. Para el público español, es fundamental tener una comprensión clara de lo que Francisco Franco significó en la historia de España. Aunque puedan formularse juicios favorables o desfavorables sobre su figura, esta no es la tarea del historiador, quien debe limitarse a explicar los hechos, dejando a cada lector o espectador la responsabilidad de emitir su juicio. 

Franco fue protagonista de tres cuartas partes del siglo XX, y su vida nos permite analizar una serie de cambios fundamentales que ocurrieron durante ese periodo. A menudo se habla de un “régimen franquista”, pero yo diría que hubo tres régimenes franquistas sucesivos, todos bajo un mismo signo: el de la autoridad. Es erróneo calificar estos régimenes de totalitarios, ya que el totalitarismo somete al Estado al poder de un partido. En el caso de Franco, sucedió lo contrario: sometió el poder del partido a las directrices del Estado. Los historiadores suelen referirse a este sistema como autoritarismo, que no necesariamente debe entenderse como algo negativo, sino como una norma que marca lo que debe hacerse. 

En sus inicios, este autoritarismo se basó en modelos personalistas que predominaban en varios países europeos, adoptando ciertos rasgos dictatoriales. Sin embargo, a partir de 1944, se produjo un cambio hacia las vías marcadas por la democracia cristiana en Europa. Los hombres más relevantes del régimen, como Ibáñez Martín o Castiella, provenían de organizaciones como la Acción Católica o la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. En este contexto, el régimen adquirió un carácter confesional, otorgando primacía a la religión y la nacionalidad del Estado, al tiempo que intentaba superar las profundas divisiones que culminaron en el estallido de la Guerra Civil. 

En 1959, este régimen confesional fue sustituido por otro más abierto, donde la técnica económica se convirtió en un elemento central. Este cambio estaba orientado hacia la restauración de la monarquía, un objetivo que Franco apoyaba plenamente. Desde 1931, Franco había demostrado su lealtad a la monarquía, como lo refleja su decisión de mantener la bandera bicolor en la Academia General Militar de Zaragoza. Aunque aceptó la república como hecho consumado, nunca participó en conspiraciones contra ella. De hecho, en octubre de 1934, ayudó a la república a sobrevivir al primer gran estallido de la extrema izquierda. Durante 1935, Franco se convirtió en el general más destacado de la república, ocupando el cargo de jefe del Estado Mayor. 

En el contexto de la Guerra Civil, Franco demostró ser un estratega prudente. Aunque estaba al tanto de los movimientos conspiratorios, no se comprometió hasta que el conflicto fue inevitable. Como católico convencido, Franco eligió el bando que defendía los valores religiosos y humanos frente a lo que percibía como una persecución brutal contra la Iglesia por parte de la república. Esta decisión también estuvo marcada por su afán de poder y su convicción de que las circunstancias lo impulsaban a asumir el mando supremo, tanto militar como político. 

En el contexto de la Guerra Civil, Franco demostró ser un estratega prudente. Aunque estaba al tanto de los movimientos conspiratorios, no se comprometió hasta que el conflicto fue inevitable. Como católico convencido, Franco eligió el bando que defendía los valores religiosos y humanos frente a lo que percibía como una persecución brutal contra la Iglesia por parte de la república. Esta decisión también estuvo marcada por su afán de poder y su convicción de que las circunstancias lo impulsaban a asumir el mando supremo, tanto militar como político. 

A partir de 1959, España inició una transición hacia una monarquía parlamentaria, proceso que culminó con la proclamación de Juan Carlos I como rey en 1969. Este periodo estuvo marcado por una apertura económica y social, así como por acuerdos clave con Estados Unidos y la Santa Sede. Estos acuerdos permitieron a España beneficiarse de ayudas económicas y abrirse al comercio exterior. 

El papel de Franco en este periodo fue el de un estratega que supo manejar las relaciones internacionales y preparar a España para su reintegración en la Comunidad Internacional. Aunque sus métodos y decisiones fueron controvertidos, no cabe duda de que desempeñó un papel crucial en la configuración del rumbo político y económico del país en el siglo XX. 

Fuente: Conferencia de don Luís Suárez Fernández | La Tribuna de la Historia

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