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Protectora de los parias, artífice de los subsidios
Oh, musa del ocio impuesto, Yolanda la Parida,
que en su ardid de menos sudar promete dicha cumplida.
¿Es acaso virtud trabajar menos, ministra sabida,
si el pan del mañana flaquea y la pensión es desvalida?
Mandas al pueblo a trabajar poco, cual noble favor,
pero el fisco llora huérfano sin su justo acreedor.
¿Quién llenará las arcas de esta patria tan bendita,
si en la pereza hallamos la consigna más exquisita?
Las horas que robas al yunque con promesas de vivir mejor,
se truecan en largas listas donde reina el desempleo atroz.
Y mientras menos cotizamos en tu edén de pocas labores,
los viejos lloran su pan rancio, decrépitos soñadores.
Hablas de dignidad, oh ministra, con verbo encantador,
mas los números no perdonan tu cálculo errador.
Pues la cuenta es sencilla, de niño nos la enseñaron:
menos trabajo, menos impuestos; más pobres, más olvidados.
Yolanda, diosa del descanso sin fruto ni cosecha,
¿serán tus leyes alivio o solo una trampa estrecha?
Que al pobre que sueña con ocio, con menos pan le dejas,
y al rico, que ya lo tiene, en su gozo lo festejas.
Por ello, ministra del «vivir mejor», toma mi consejo al vuelo:
mejor trabajemos y comamos, y que el ocio espere en el cielo.
Que no se vive mejor, querida Lay Paro, con menos labor,
si el mañana se quiebra bajo el peso de tu error.
