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📌 Un festival referente con carencias normativas y sociales
El Proyecto FETEN 2026, presentado como plan para la Feria Europea de Artes Escénicas para Niños, Niñas y Familias de Gijón/Xixón, exhibe la ambición de mantener a FETEN como referente nacional en su sector. No cabe duda de la magnitud cultural y económica que la propia memoria destaca –“única Feria de su tipología en el país” y motor de un importante impacto económico local–. Sin embargo, bajo el lenguaje institucional y las cifras de éxito, el documento adolece de omisiones significativas en tres ejes clave, la igualdad de género conforme a la Ley Orgánica 3/2007, un enfoque estructurado de protección a la infancia y la posible existencia de un sesgo ideológico o partidista en su planteamiento. Este análisis crítico, con ejemplos del propio texto, explora dichas carencias y sus implicaciones.
🚫 Ausencia de referencia a la Ley de Igualdad
Resulta llamativo que un proyecto público de esta envergadura no mencione expresamente la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Dicha ley obliga a integrar la perspectiva de género en todas las políticas públicas, cultura incluida, pero el documento de FETEN 2026 guarda silencio normativo al respecto. Si bien se aprecia el uso de lenguaje inclusivo –por ejemplo, hablando de “creadores y creadoras” y reconociendo el derecho ciudadano a la cultura como bien básico–, esto queda en lo formal. La única alusión directa a la igualdad es genérica y superficial: se propone “apoyar propuestas que tengan en cuenta la igualdad de género, la igualdad de trato y de oportunidades de las personas LGTBIQ+ así como la sostenibilidad medioambiental como valores preferentes”. Esta declaración, insertada en una lista de objetivos, es positiva en intenciones pero insuficiente. No se cita la Ley 3/2007, ni se explicita cómo se garantizará la igualdad real en la programación, en la selección de compañías o en la gestión del festival. No hay un plan de igualdad ni indicadores de paridad más allá de mencionar que, de los 8 profesionales del equipo organizador, 5 son mujeres (dato expuesto sin mayor análisis). En definitiva, el proyecto parece no integrar plenamente la perspectiva de género, transforma la igualdad en un valor enunciado pero no desarrollado, omitiendo un marco legal de obligado cumplimiento y perdiendo la oportunidad de concretar medidas (paridad en artistas, lenguaje no sexista en contenidos, sensibilización contra estereotipos) que den contenido real a ese compromiso.
👶 Protección de la infancia, un enfoque ausente
FETEN es, por definición, un evento dirigido a públicos infantiles y familiares, lo que hace inexcusable la presencia de un enfoque claro sobre protección de la infancia y adolescencia. No obstante, el documento carece de cualquier apartado o protocolo dedicado a velar por el bienestar, la seguridad o los derechos de los menores que acuden al festival. A lo largo del texto, los niños y niñas aparecen solo como público destinatario o partícipes lúdicos, nunca como sujetos de especial protección. La memoria se complace en describir el éxito de asistencia infantil –“Las calles de la ciudad se llenaron de niños, niñas y familias que pudieron disfrutar de la gran y variada oferta… Los juegos e instalaciones… estuvieron a rebosar. Esta edición las calles han sido una fiesta FETEN”– pero no acompaña esa masiva presencia infantil de ninguna medida de resguardo específica. No se menciona ni una sola vez la palabra “protección”, ni se alude a normativa alguna relativa a menores (por ejemplo, protocolos de seguridad, control de contenidos apropiados por edades, accesibilidad para niños con discapacidad, procedimientos en caso de menores extraviados, autorizaciones parentales, etc.). La planificación se centra en lo artístico y logístico, obviando que trabajar con infancia conlleva responsabilidades añadidas.
Un ejemplo revelador es el tratamiento de la participación infantil en el propio festival. El proyecto describe con orgullo iniciativas como un concurso de crítica teatral infantil, señalando que “cada niño/a… puede presentar una crítica de la función a la que ha asistido… y en abril-mayo se realiza una entrega de premios a las mejores críticas”. Sin duda, fomentar la creatividad de los más jóvenes es loable; pero incluso en esta actividad pensada para menores no se detalla ningún acompañamiento pedagógico ni criterios de protección (por ejemplo, quién tutela esa participación, cómo se garantiza la privacidad y seguridad de los niños participantes, etc.). En conjunto, FETEN 2026 concibe a la infancia principalmente como público cultural, no como colectivo vulnerable. Se echa en falta un plan transversal de protección infantil que aborde, por ejemplo, la existencia de entornos seguros en las actividades, la formación específica del personal en trato a menores o la colaboración con organismos de protección del menor. Esta omisión estructural resulta preocupante dado el carácter del festival, un proyecto verdaderamente completo debería al menos mencionar cómo se salvaguarda el interés superior de niños y adolescentes en un evento multitudinario pensado para ellos.
🧐 ¿Sesgo ideológico en el planteamiento?
Más allá de los vacíos normativos, el documento deja entrever un cierto sesgo ideológico en su enfoque general. Aunque no adopta abiertamente el tono de un panfleto político, la selección de contenidos y énfasis transmite prioridades que parecen alineadas con una visión particular de la cultura. Por un lado, el texto adopta enunciados asociados al discurso progresista –como la referencia a la Agenda 21 de desarrollo sostenible, la inclusión de la diversidad LGTBIQ+ o el ya mencionado uso del lenguaje no sexista–, pero estos parecen más cumplimientos formales que convicciones integradas. La igualdad de género y la sostenibilidad se nombran, sí, pero de forma pasajera, casi como checkbox obligados, sin impregnarse realmente en la estructura del proyecto (que, como vimos, no concreta acciones ni indicadores ligados a esos principios). Esta desconexión entre la retórica inclusiva y la práctica efectiva puede interpretarse como una suerte de alineamiento superficial con ciertas corrientes ideológicas mayoritarias, quizá para dotar de legitimidad social al documento, pero sin la profundidad esperable.
Por otro lado –y aquí el sesgo puede apuntar en dirección diferente–, el corazón del proyecto late con un marcado enfoque economicista y tecnocrático. En numerosas ocasiones, FETEN 2026 es presentado más como mercado y feria comercial que como proyecto cultural al servicio de la ciudadanía. La propia introducción subraya que FETEN “es prioritariamente una feria” que da pie a “negociaciones comerciales, adquisición de conocimiento, relaciones profesionales”, facilitando la comunicación entre empresas y las oportunidades de negocio a medio y largo plazo. Asimismo, se insiste en la contribución al flujo económico del sector y en el impacto económico sobre la ciudad, atrayendo miles de visitantes y generando compraventas en el mercado escénico. Este léxico y énfasis revelan una visión de la cultura orientada principalmente al rendimiento económico e industrial: el festival como “instrumento de trabajo” para profesionales, plataforma de mercado y motor turístico. Sin duda, el valor económico de FETEN es relevante, pero el énfasis casi exclusivo en este aspecto responde a una determinada orientación ideológica –una concepción productivista o de industria cultural– que deja en segundo plano la dimensión social, educativa y de derechos que también debería tener un evento público para la infancia.
En conjunto, el proyecto FETEN 2026 parece oscilar entre guiños progresistas y un fondo marcadamente pragmático/comercial, lo que podría reflejar influencias de distintas sensibilidades políticas. La falta de neutralidad total se evidencia en lo que destaca y en lo que calla: destaca logros cuantitativos, mercado y proyección (coincidente con un discurso institucional autocomplaciente), y calla obligaciones legales o éticas incómodas. Este equilibrio desequilibrado sugiere un sesgo ideológico doble: por omisión, al eludir marcos normativos de igualdad y protección que suelen ser bandera de cierto sector ideológico, y por comisión, al abrazar una narrativa de éxito económico propia de otra orientación política. Para un lector crítico, el documento transmite más la defensa de una gestión (y por tanto, indirectamente, de quienes la impulsan) que una reflexión honesta y plural sobre las necesidades del festival.
✅ Conclusión
El análisis del Proyecto FETEN 2026 revela que, detrás de su apariencia de informe completo, existen importantes vacíos estructurales y una clara tendencia a priorizar ciertos enfoques. La ausencia de referencias a la Ley de Igualdad de 2007 denota un déficit en perspectiva de género, relegando a mera declaración de intenciones lo que debería ser un compromiso transversal y obligatorio. La falta de un enfoque definido de protección a la infancia evidencia una omisión grave, máxime tratándose de un festival infantil que debería situar la seguridad y el bienestar de los menores al mismo nivel que la calidad artística o la rentabilidad. Y en cuanto al tono ideológico, el proyecto no escapa a la crítica: ya sea por sesgos de lenguaje o por prioridades escogidas, se percibe una redacción no del todo neutra, posiblemente influida por la línea política de la institución que lo elabora, donde coexisten la corrección política superficial y la lógica de mercado.
Como tribuna de opinión formal, corresponde señalar que un festival público de estas características debería aspirar a más. Integrar de forma explícita y efectiva la igualdad de género (con mención a las normas vigentes y acciones concretas), blindar la protección de la infancia dentro de su planificación, y presentar un documento técnicamente completo pero también equilibrado y plural en su visión, sin inclinaciones partidistas. Solo así FETEN podrá seguir siendo un referente no solo en cifras, sino en calidad ética y social, a la altura de lo que la ciudadanía –incluidas las niñas y niños, sujetos de derechos– merece. Las omisiones y sesgos actuales, expuestos aquí con las propias palabras del proyecto, ofrecen un margen de mejora que las autoridades y gestores culturales harían bien en atender de cara a 2026. Con voluntad política y sensibilidad social, FETEN puede convertirse en mucho más que una feria exitosa: en un modelo de buena práctica cultural verdaderamente inclusivo, seguro y neutral.
