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Asturias fue en 2025 la única comunidad autónoma de España en la que bajó el coste salarial. No es un matiz estadístico: es el hecho que obliga a reescribir el relato oficial sobre el empleo y el salario asturiano.
Resumen
Este artículo somete a auditoría crítica dos documentos de trabajo sobre el empleo en Asturias, un estudio sociológico de la evolución salarial española 2008-2025 con extrapolación regional, y un perfil sociológico y económico del Principado a la altura de 2026. Ambos aciertan en el diagnóstico general y ambos incurren, a nuestro juicio, en cuatro errores de lectura que conviene corregir antes de que el diagnóstico se convierta en consigna. La corrección más consecuente es esta, el rezago del salario asturiano no es el resultado lento de la desindustrialización, como sostienen ambos textos, sino una ruptura concentrada en el sector servicios entre 2021 y 2025. La distinción no es académica. Determina qué política puede corregirlo.
1. Dos documentos y una pregunta mal formulada
Sobre la mesa hay dos documentos de trabajo. El primero, Salarios, estructura social y territorio, audita la serie de salarios medios anuales difundida por Electomanía, identifica su fuente estadística real —la Encuesta Trimestral de Coste Laboral del INE— y la deflacta. El segundo, Asturias 2026. Perfil sociológico y económico, traslada el ejercicio al presente regional y propone una tipología de cuatro «Asturias» que conviven en el mismo territorio con expectativas divergentes.
Los dos comparten una virtud infrecuente en el género, declaran sus limitaciones. El segundo advierte expresamente que sus datos de 2026 «deben considerarse datos de trabajo sujetos a verificación». Esa honestidad es el punto de partida de lo que sigue, no su objeto. Hemos verificado.
Ambos comparten también un acierto de fondo. La pregunta que organiza el debate público asturiano —¿estamos mejor o peor?— es analíticamente estéril, porque agrega realidades que se mueven en direcciones opuestas. La pregunta útil, que el segundo documento formula con precisión, es quién se beneficia de la transformación y quién soporta su coste. Suscribimos el desplazamiento. Discrepamos, en cambio, de una parte sustantiva de la respuesta.
2. Por qué la tasa de paro asturiana no significa lo que parece
El perfil sociológico de 2026 abre con lo que denomina «primera sorpresa: Asturias está creando empleo». En el segundo trimestre de 2026 el Principado registraba 477.300 activos, 433.800 ocupados y 43.500 parados, con una tasa de paro del 9,12 % frente al 9,87 % nacional. Asturias por debajo de la media española. El dato es exacto: coincide al detalle con la publicación del INE.
Lo que el documento omite es el resto de la misma tabla. En variación interanual, ese mismo trimestre arroja 5.400 ocupados menos y 2.400 parados más. El crecimiento que se presenta como sorpresa es la variación intertrimestral —3.600 empleos entre el primer y el segundo trimestre de 2026—, y una variación intertrimestral no es una tendencia. Comparar un trimestre con el anterior en una economía con hostelería y comercio estacionales, y presentar el resultado como tendencia, es precisamente el tipo de inferencia que el estudio salarial complementario prohíbe con razón en su capítulo metodológico.
Hay algo más grave, y es estructural. La tasa de actividad asturiana del segundo trimestre de 2026 fue del 52,41 %: la más baja de España. Aquí reside el artefacto. La tasa de paro es un cociente, y su denominador es la población activa. Una región que envejece expulsa personas del denominador por la vía de la jubilación mucho antes de que su mercado laboral genere oportunidades. El resultado aritmético es una tasa de paro que mejora sin que mejore nada.
Asturias no tiene menos paro que España solo porque cree más empleo. Lo tiene, en buena parte, porque ha dejado de tener quien lo busque.
El estudio salarial roza esta idea al señalar que la tasa general asturiana es baja por «efecto directo del envejecimiento de la población activa, que reduce el denominador». Es exacto, y merecía ser el titular en lugar de una subordinada. Porque de ahí se sigue una consecuencia de política pública inmediata: la tasa de paro es, en Asturias, un indicador estructuralmente sesgado al alza en su lectura favorable, y cualquier balance de gestión que se apoye en ella está midiendo la demografía y llamándolo empleo.
3. La corrección deflactora: treinta y un por ciento que son menos cuatro
Tres cosas que no son lo mismo. Este artículo distingue, y el lector debe exigir que se distingan: el coste laboral es todo lo que el puesto cuesta al empleador, cotizaciones incluidas; el coste salarial es solo la parte retributiva bruta, sin cotizaciones empresariales; el salario percibido es lo que llega al trabajador después de retenciones y cotización obrera. Salvo indicación expresa, todas las cifras que siguen son coste salarial medio por trabajador y año, obtenido anualizando la media trimestral de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral. No son salarios individuales ni rentas netas, y no equivalen a los de la Encuesta Anual de Estructura Salarial, que cubre otro universo.
El hallazgo empírico central del estudio salarial es sólido y merece difusión. La serie nominal española pasa de 21.639 euros por trabajador en 2008 a 28.410 en 2025, un crecimiento acumulado del 31,3 %. Deflactada por la media anual del IPC y expresada en euros constantes de 2025, la misma serie arroja una caída del 4,2 %.
| Año | Nominal (€) | Real (€ de 2025) | Var. real (%) |
|---|---|---|---|
| 2008 | 21.639 | 29.658 | — |
| 2013 | 22.654 | 28.531 | −1,31 |
| 2019 | 23.450 | 28.535 | +1,23 |
| 2020 | 22.838 | 27.880 | −2,30 |
| 2022 | 25.353 | 27.698 | −3,54 |
| 2025 | 28.411 | 28.411 | +0,41 |
| 2008-2025 | +31,3 % | — | −4,2 % |
Elaboración sobre INE, Encuesta Trimestral de Coste Laboral e IPC (medias anuales), según la reconstrucción del estudio auditado.
Diecisiete años de crecimiento nominal continuado equivalen a una pérdida neta de poder adquisitivo. El bienio inflacionario 2022-2023 concentra el daño, solo en 2022 el coste salarial real cae un 3,54 %, el peor registro de toda la serie. Y lo sociológicamente decisivo es lo que no ocurrió: no hubo espiral de precios y salarios. La inflación se trasladó a los precios y no volvió a los salarios. Eso no es un dato técnico; es una medida directa de la capacidad negociadora de la parte trabajadora, y la respuesta es que en 2022 esa capacidad fue muy baja.
Conviene, sin embargo, no convertir el hallazgo en catastrofismo, porque la misma serie contiene un movimiento en sentido contrario que el estudio documenta con rigor y que no debe silenciarse, entre 2018 y 2024 el percentil 10 de la distribución creció un 42,1 % nominal frente al 21,1 % del percentil 90. La ratio P90/P10 volvió en 2024 (4,37) prácticamente al nivel de 2008 (4,33). La elevación del salario mínimo —de 735,90 euros en 2018 a 1.184 en 2025 y 1.221 en 2026— comprimió la desigualdad salarial por abajo. El resultado del período es, por tanto, una paradoja distributiva precisa, el suelo ha subido y el conjunto no. Quien lea solo la primera mitad de esa frase hará mala política; quien lea solo la segunda, también.
4. El bisturí del efecto composición, y dónde sus autores dejan de usarlo
La mejor página de los dos documentos es la que explica por qué en 2009 —el peor año de la Gran Recesión, con la tasa de paro saltando del 12,5 % al 18,0 %— el salario medio nominal creció un 3,19 %. La respuesta es que España destruyó ese año en torno a 1,5 millones de puestos concentrados en la construcción y el empleo temporal de baja cualificación. Al desaparecer selectivamente los salarios más bajos, la media de los que permanecen sube. La media salarial mejoró porque el empleo empeoró.
De ahí la tesis metodológica que el estudio formula con acierto, la media salarial no mide únicamente cuánto se paga, sino también a quién se emplea. Es una herramienta excelente. Nuestra objeción es que sus autores la aplican a España en 2009 y en 2020, y dejan de aplicarla justo cuando llegan a Asturias en 2025.
5. El arco, dónde se rompe exactamente el salario asturiano
El hallazgo regional del estudio es lo que denomina un «arco». Asturias parte en 2008 de la paridad con España (98,7 % de la media nacional), la supera durante la década siguiente hasta un máximo del 103,5 % en 2020 y se descuelga después hasta el 94,9 % en 2025. Casi nueve puntos de posición relativa perdidos en cinco años.
| Año | España (€) | Asturias (€) | Ast./Esp. | Var. anual Ast. |
|---|---|---|---|---|
| 2008 | 21.600 | 21.319 | 98,7 % | — |
| 2013 | 22.605 | 22.346 | 98,9 % | +1,49 % |
| 2019 | 23.462 | 24.094 | 102,7 % | +2,95 % |
| 2020 | 22.843 | 23.653 | 103,5 % | −1,83 % |
| 2022 | 25.382 | 25.036 | 98,6 % | +2,86 % |
| 2024 | 27.622 | 27.192 | 98,4 % | +4,62 % |
| 2025 | 28.519 | 27.077 | 94,9 % | −0,42 % |
Elaboración sobre INE, Encuesta Trimestral de Coste Laboral, tabla 6061, según la reconstrucción del estudio auditado. Advertencia, el estudio ofrece dos cifras nacionales incompatibles para 2025 —28.410,78 € en su serie nacional y 28.519 € en esta tabla de comparación regional—. Aquí se usa la segunda, por coherencia con la tabla de la que procede la comparación. Con la primera, Asturias quedaría en el 95,3 % y no en el 94,9 %. Véase el apartado 11.
Ahora bien, de esos 8,6 puntos de caída, 3,5 se producen en un solo ejercicio, 2024-2025. Es decir, el 41 % de toda la pérdida se concentra en el último año de la serie. Y ese año Asturias no creció menos que España: decreció. El coste salarial por trabajador cayó un 0,42 % nominal mientras el español subía un 3,25 %. Con una inflación del 2,67 %, la caída real asturiana de un solo año es del 3,0 %.
Un dato así exige verificación externa antes de sostener sobre él una tesis. La hemos hecho, y se confirma con holgura. Según la Encuesta Trimestral de Coste Laboral correspondiente al cuarto trimestre de 2025, Asturias fue la única comunidad autónoma de España en la que descendió el coste laboral en 2025, un 1 %, frente a un alza nacional del 3,8 %. El componente estrictamente salarial cayó un 1,4 %, hasta 2.427,63 euros mensuales por trabajador. Ninguna otra comunidad registró signo negativo.
El dato que ordena todo lo demás. En un trimestre de subida generalizada del coste laboral en España —el vigésimo consecutivo al alza, según la lectura de la serie que hace RTPA—, hay diecisiete comunidades autónomas. Dieciséis suben. Asturias baja. Cualquier explicación estructural de largo plazo —desindustrialización, envejecimiento, terciarización— tiene un problema evidente para dar cuenta de un fenómeno que en dieciséis casos no ocurre y en uno sí, y precisamente ahora.
Aquí es donde el bisturí abandonado en el capítulo 3 debía haber vuelto a la mesa. Una caída nominal del coste salarial medio en un año de convenios al alza y de SMI creciente admite, en principio, tres explicaciones: que se hayan rebajado salarios (improbable y sin registro en la negociación colectiva), que se haya destruido empleo de alta retribución (efecto composición inverso al de 2009), o que se haya creado empleo de baja retribución a gran velocidad. Las dos últimas son compatibles entre sí, y hay indicios convergentes: los sindicatos regionales cifraron en 7.300 los empleos industriales perdidos en el último año, compensados por ganancias en hostelería. Si la sustitución de puestos industriales por puestos hosteleros es la causa, entonces la caída del salario medio asturiano no mide una rebaja salarial: mide un cambio de composición del empleo. Es exactamente el mecanismo de 2009, operando en dirección contraria.
Insistimos en que esto no es una objeción menor, sino una corrección de la naturaleza del hallazgo. El estudio presenta el descuelgue de 2025 como culminación de una tendencia. Los datos sugieren más bien un salto discreto de composición. La diferencia importa, una tendencia se corrige con política estructural de largo plazo; un salto de composición se corrige, o se agrava, en el ciclo inversor de dos o tres empresas concretas.
6. Anatomía contable de la brecha, son los servicios
La aportación más valiosa del estudio auditado es la desagregación sectorial, porque permite algo que ninguno de los dos documentos llega a hacer: descomponer aritméticamente la brecha regional.
| Sector | 2008 | 2019 | 2021 | 2025 |
|---|---|---|---|---|
| Industria — Asturias | 25.173 | 31.043 | 29.219 | 34.707 |
| Industria — España | 23.870 | 27.782 | 28.016 | 32.810 |
| Ventaja industrial ast. | +5,5 % | +11,7 % | +4,3 % | +5,8 % |
| Servicios — Asturias | 19.973 | 22.412 | 23.237 | 25.626 |
| Servicios — España | 21.267 | 22.738 | 23.682 | 27.940 |
| Desventaja terciaria ast. | −6,1 % | −1,4 % | −1,9 % | −8,3 % |
Elaboración propia sobre los datos de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral recogidos en el estudio auditado. Los porcentajes de ventaja y desventaja son cálculo nuestro.
Hagamos la descomposición que los documentos no hacen. Conviene hacerla formalmente, porque la cuenta rápida —multiplicar el peso de cada sector por su diferencial— confunde dos cosas distintas: si Asturias paga menos porque tiene una estructura productiva peor, o si paga menos dentro de cada sector. Son diagnósticos opuestos y admiten políticas opuestas.
Renormalizamos los pesos sobre el universo que cubre la ETCL —industria, construcción y servicios, sin agricultura— y separamos ambos efectos mediante una descomposición estructura-retribución convencional. El modelo reconstruye una media española de 28.536 euros frente a los 28.519 publicados, y una asturiana de 27.059 frente a 27.077: un error inferior al 0,1 %, suficiente para operar sobre él.
| Componente | Efecto | Nivel |
|---|---|---|
| Media española | — | 100,00 |
| Efecto estructura sectorial | +0,17 | 100,17 |
| Retribución — servicios | −6,35 | 93,82 |
| Retribución — industria | +0,99 | 94,81 |
| Retribución — construcción | +0,02 | 94,83 |
| Asturias 2025 (modelo) | −5,17 | 94,83 |
| Asturias 2025 (observado) | −5,06 | 94,94 |
Cálculo propio. Pesos sectoriales de la EPA renormalizados sobre el universo de la ETCL; costes salariales de la Tabla 3. El efecto estructura aplica los pesos asturianos a los salarios españoles; el efecto retribución, los diferenciales sectoriales a los pesos asturianos.
El resultado invierte el relato dominante. La estructura sectorial de Asturias no la penaliza, la favorece ligeramente. Con los pesos asturianos y los salarios españoles, la media regional sería un 0,17 % superior a la nacional, porque Asturias tiene más industria que España y la industria paga más. Toda la brecha —y algo más— procede de lo que Asturias paga dentro de cada sector: los servicios restan 6,35 puntos, la industria devuelve 0,99 y la construcción 0,02.
La objeción evidente es que los pesos sectoriales proceden de la EPA mientras los costes salariales proceden de la ETCL, dos operaciones con universos distintos, y que un desajuste entre ambas podría estar sosteniendo el resultado. Para comprobarlo hemos repetido el cálculo con nueve combinaciones de pesos, moviendo la industria entre el 12 % y el 17 % del empleo y la construcción entre el 5 % y el 8,5 %.
| Peso de la industria | Construcción 5,0 % | Construcción 6,6 % | Construcción 8,5 % |
|---|---|---|---|
| 12,0 % | 114 % | 115 % | 115 % |
| 14,6 % (EPA) | 119 % | 119 % | 120 % |
| 17,0 % | 123 % | 124 % | 125 % |
Cálculo propio. La brecha total resultante oscila entre −4,8 y −5,9 puntos en las nueve combinaciones. Los porcentajes superan el 100 % porque la industria aporta en sentido contrario.
En las nueve combinaciones los servicios explican entre el 114 % y el 125 % de la brecha: más del total, porque la industria juega a favor de Asturias. El resultado no depende de la ponderación elegida. La brecha salarial asturiana se decide en una sola variable: lo que pagan los servicios asturianos.
El corolario es incómodo para el relato dominante en la región, que atribuye el problema salarial asturiano al declive industrial. Aritméticamente no se sostiene: en el margen, una variación del peso industrial mueve la media regional menos de un punto, y la mueve en dirección contraria a la que ese relato supone, porque cuanta más industria tiene Asturias, mejor queda su media. El diferencial vive en el 78 % del empleo que ocupan los servicios, no en el 15 % industrial.
Conviene precisar el alcance de esta afirmación, porque es contable y no dinámica. Dice de dónde procede la brecha observada en 2025 con la estructura de empleo de 2025. No dice qué ocurriría si la industria se contrajera: los trabajadores desplazados no desaparecen del cálculo, pasan a otros sectores, al desempleo o fuera de la región, y esos efectos de segundo orden —sobre la composición del empleo terciario, sobre la población activa, sobre el consumo local— esta descomposición no los captura ni pretende capturarlos.
7. Cuatro correcciones al diagnóstico
Las dos primeras correcciones se leen mejor en el mismo gráfico. Los datos sectoriales que los estudios publican, puestos en serie, desmienten dos de las afirmaciones que sobre ellos se construyen.
7.1. La ventaja industrial asturiana no se ha ampliado
El estudio afirma que la ventaja salarial de la industria asturiana «se ha mantenido —e incluso ampliado— durante todo el periodo». Los propios datos que aporta lo desmienten: 5,46 % en 2008 y 5,78 % en 2025. Es estabilidad, no ampliación. Y esa estabilidad aparente esconde una volatilidad notable: la ventaja alcanzó el 11,7 % en 2019 y se desplomó al 4,3 % en 2021. Una serie que se mueve entre 4 y 12 puntos en seis años no describe un legado sólido: describe un sector expuesto a decisiones de un puñado de matrices multinacionales.
7.2. La brecha terciaria no es una herencia: es reciente
Esta es la corrección de mayor calado. El estudio presenta la desventaja de los servicios asturianos como una constante que «se ha ampliado desde el 6,1 % de 2008». La afirmación es cierta de extremo a extremo y falsa en su trayectoria. La secuencia real es: −6,1 % (2008), −5,0 % (2013), −1,4 % (2019), −1,9 % (2021), −8,3 % (2025).
Es decir, la brecha terciaria asturiana casi se cerró en la segunda mitad de la década pasada y se ha abierto entera —seis puntos y medio— entre 2021 y 2025. La trayectoria es incompatible con una deriva estructural lenta heredada de la reconversión: describe un deterioro concentrado en los últimos cuatro años, coincidente con el ciclo de recuperación postpandémica del que Asturias, sencillamente, no participó. Ello no descarta que factores estructurales —composición de ramas dentro del terciario, jornada, tamaño empresarial— expliquen parte del nivel; sí descarta que expliquen el momento.
La diferencia entre ambas lecturas es de primer orden político. Si la brecha es estructural, la respuesta es la reindustrialización a veinte años vista, con fondos europeos y horizonte generacional. Si la brecha es reciente y terciaria, la respuesta es mucho más inmediata y mucho más incómoda: convenios sectoriales autonómicos en comercio, hostelería, cuidados y servicios a empresas, que es donde se juega el salario de tres de cada cuatro asturianos. Ambas cosas pueden hacerse a la vez, pero solo una de ellas tiene efecto sobre el salario mediano en esta legislatura.
7.3. La divergencia entre fuentes no se resuelve, se declara
El «arco» es nítido en la Encuesta Trimestral de Coste Laboral y bastante menos nítido en la Encuesta Anual de Estructura Salarial, que emplea otra definición y cobertura más amplia. En la segunda, la posición relativa asturiana oscila —96,7 % en 2021, 99,2 % en 2022, 99,5 % en 2023, 96,7 % en 2024— sin dibujar descenso monótono alguno. El estudio lo menciona en una línea y sigue adelante. Debería haberse detenido, cuando dos operaciones estadísticas oficiales cuentan historias distintas sobre el mismo objeto, el hallazgo es la discrepancia, no la elección de la serie más elegante.
7.4. Asturias no es inequívocamente más desigual
El estudio concluye que Asturias combina «salarios medios inferiores a la media nacional con una desigualdad salarial superior a ella: la peor de las combinaciones posibles». Se apoya en la ratio P90/P10 (4,61 asturiana frente a 4,37 nacional en 2024). El dato es correcto, pero es el único que apunta en esa dirección. La ratio mediana/media —el indicador de asimetría que el propio estudio defiende como sociológicamente pertinente en su capítulo 3— dice lo contrario: 0,847 en Asturias frente a 0,829 en España. Por esa medida, la distribución asturiana está más concentrada en torno a su centro que la española. Y hasta 2024, la mediana salarial asturiana fue sistemáticamente superior a la española, 18.698 frente a 18.244 euros en 2008; 21.559 frente a 20.351 en 2019.
La lectura honesta no es «Asturias es más desigual», sino algo más específico y más interesante, Asturias tiene colas más separadas y un centro más compacto. Un percentil 10 que retrocede (de 11.562 euros en 2023 a 11.058 en 2024, un −4,4 %) mientras el percentil 90 avanza un 4,4 %. Es el mismo fenómeno que en el conjunto de España se corrigió por vía de salario mínimo y que en Asturias, por razones que ningún dato agregado explica, no se corrigió.
8. La renta que no procede del trabajo
Sobre este punto los dos documentos son sólidos y merecen ser leídos íntegros. Asturias registra 1,44 afiliados a la Seguridad Social por pensionista, frente a 2,34 en el conjunto de España: la ratio más baja del país. El índice de envejecimiento (265,3 personas de 65 o más años por cada 100 menores de 16) casi duplica el nacional (148,1).
La consecuencia analítica —que la ratio de afiliados por pensionista sugiere pero por sí sola no demuestra, y que exigiría un desglose completo de la renta disponible de los hogares— es que Asturias se aproxima crecientemente a una economía de transferencias antes que a una economía salarial, con tres efectos encadenados que el estudio expone con precisión. La renta de transferencia sostiene una demanda local de comercio, hostelería y cuidados que genera empleo terciario de baja productividad. La pensión como ingreso principal y estable del hogar rebaja la presión de reserva sobre el salario que el miembro activo está dispuesto a aceptar, deprimiendo el suelo salarial efectivo. Y la emigración juvenil cualificada sustrae del mercado precisamente los perfiles que sostendrían la parte alta de la distribución, la región financia la formación y exporta el rendimiento.
La expresión estadística más elocuente de todo esto está en los concejos mineros. Mieres registra en 2023 una mediana de renta por unidad de consumo de 20.650 euros, idéntica a la de Gijón y superior a la de Avilés, tras cuatro décadas de destrucción de empleo. La explicación no es un milagro económico: son pensiones de jubilación anticipada del sector minero, de cuantía elevada por corresponder a bases de cotización altas, percibidas por hogares de tamaño reducido. La renta se sostiene y la sociedad que la percibía se extingue.
El modelo de las prejubilaciones fue eficaz en términos de paz social y catastrófico en términos de reproducción. Convirtió un problema de empleo en un problema de demografía y lo aplazó una generación. La factura vence ahora.
Añadamos un matiz de método que el estudio formula bien y que conviene retener: en concejos como Ibias, Proaza, Quirós o Teverga la renta media por persona aparece sorprendentemente alta. No es prosperidad. Es aritmética de hogares unipersonales de pensionistas sin población infantil en el denominador. Es la demostración canónica de por qué la renta media per cápita puede resultar profundamente engañosa en contextos de envejecimiento extremo y hogares muy pequeños.
9. La dualización se ha desplazado al eje generacional
La literatura sobre dualización describe mercados de trabajo en los que la protección de los insiders se sostiene mediante la desprotección de los outsiders. España fue durante treinta años su caso de manual, con la frontera trazada sobre el tipo de contrato. La reforma laboral de 2021 desactivó buena parte de ese mecanismo: la temporalidad cayó del 25,3 % en 2021 al 15,3 % en 2025, un resultado sin precedente comparable en Europa.
Pero la línea divisoria no se ha disuelto: se ha desplazado. En Asturias la firma estadística es inequívoca. Tasa de paro general del 8,83 %, inferior a la nacional del 10,51 %. Tasa de paro de menores de 25 años del 27,71 %, superior a la nacional del 24,88 %. Tasa de paro de mujeres menores de 25 años del 32,36 %, frente al 25,83 % nacional. Casi siete puntos de penalización para la mujer joven asturiana respecto de la española.
Un mercado que ofrece estabilidad a quien ya está dentro y dificultad de acceso a quien intenta entrar tiene un nombre técnico, mercado cerrado. Y el cierre alimenta una causación circular acumulativa que ningún parche rompe: la escasez de oportunidades expulsa jóvenes cualificados; su salida reduce la base de capital humano; esa reducción desincentiva la localización de actividades intensivas en conocimiento; y su ausencia perpetúa la escasez. Es una trampa de equilibrio bajo, y su rasgo definitorio es que no se corrige sola.
Conviene señalar aquí el límite de una tesis muy repetida. El desajuste asturiano no es un déficit de capital humano —los niveles educativos regionales están por encima de la media nacional— sino un déficit de demanda de capital humano. Las políticas centradas exclusivamente en la oferta formativa, en un territorio donde el titulado emigra porque no hay puesto que requiera su titulación, no solo son ineficaces: financian con presupuesto autonómico la cualificación de la mano de obra de Madrid y Barcelona.
10. Crítica del cuadro de mandos, qué mide mal la política asturiana
De todo lo anterior se sigue una crítica que no es de gestión sino de instrumentación. El conjunto de indicadores con el que se evalúa habitualmente la política económica regional está sesgado de forma sistemática y en la misma dirección, hacia la complacencia.
- La tasa de paro mejora mecánicamente con el envejecimiento, porque el denominador se vacía. Con la tasa de actividad más baja de España (52,41 %), una tasa de paro por debajo de la media nacional no es un logro, es un síntoma.
- El empleo total no distingue composición. Sustituir 7.300 puestos industriales por un número equivalente de puestos hosteleros deja el indicador plano y degrada la estructura salarial. Es literalmente lo que ocurrió en 2025.
- La renta media por persona es un indicador roto en contextos de hogares pequeños y envejecidos, como demuestra el caso de los concejos del suroccidente.
- El número de puestos creados —métrica habitual en la evaluación de la captación de inversión— es indiferente a la función que esos puestos ocupan en la cadena de valor. Cien empleos de ejecución y cien empleos de ingeniería puntúan igual y no tienen el mismo efecto sobre nada.
- La tasa de temporalidad, hoy idéntica en Asturias y España (15,3 %), ha dejado de discriminar por sí sola, y solo informa leída junto a la duración efectiva del empleo, la jornada y los meses trabajados al año. La conversión de temporales en fijos discontinuos altera el estatuto jurídico sin garantizar continuidad de renta anual.
Un cuadro de mandos que no engañe requeriría, en cambio, cuatro indicadores incómodos: el salario mediano regional y su ratio respecto del nacional; la tasa de actividad por tramos de edad, que separa el efecto demográfico del efecto empleo; la composición funcional del empleo creado —proporción de puestos de decisión, ingeniería, I+D y servicios avanzados—; y el saldo migratorio de titulados superiores de 25 a 39 años, que es la medida más directa de si la región retiene el rendimiento de lo que forma.
Ninguno de los cuatro figura habitualmente en los balances de gestión. Los cuatro empeorarían la fotografía. Ese es exactamente el motivo por el que deberían figurar.
11. Zonas de sombra de los propios estudios
El rigor exige aplicar a estos dos documentos el criterio que ellos aplican a Electomanía. Siete observaciones:
- Discrepancia en el empleo industrial. El perfil de 2026 cifra el empleo industrial asturiano en unos 59.800 puestos (EPA); el estudio salarial lo sitúa en 51.335 (SADEI, 2025). Un 16,5 % de diferencia. Ambas fuentes son legítimas y miden cosas distintas, pero un documento que las usa alternativamente sin advertirlo induce a error, sobre todo cuando de ese denominador dependen los porcentajes sectoriales que ambos textos publican.
- Dos cifras nacionales incompatibles para 2025. La serie nacional del estudio consigna 28.410,78 euros de coste salarial anual por trabajador en 2025; su tabla de comparación con Asturias consigna 28.519 euros para el mismo concepto y el mismo año. Ambas se presentan como ETCL anualizada. La diferencia, 108 euros, parece menor, pero de ella depende la cifra que titula el descuelgue: con el segundo denominador Asturias queda en el 94,9 % de la media española; con el primero, en el 95,3 %. La tesis del descuelgue resiste con cualquiera de los dos, pero la cifra publicable exige una extracción única desde la tabla 6061 del INE, que este artículo no ha podido realizar y deja pendiente.
- Coincidencia numérica improbable. El salario real de 2008 en euros de 2025 aparece como 29.658 euros; el PIB por habitante de Asturias en 2024 aparece también como 29.658 euros. Magnitudes de naturaleza distinta con coincidencia al euro. Es casi con seguridad un arrastre de celda que conviene depurar antes de publicar.
- Un dato que soporta demasiado peso. El 41 % del descuelgue asturiano se concentra en la observación de 2025, la más reciente y por tanto la más sujeta a revisión. Construir la tesis central sobre ella exige, como mínimo, señalarlo.
- Sobrelectura de la ratio mediana/media. El estudio interpreta el paso de 0,834 (2008) a 0,829 (2024) como deterioro de la asimetría. Son cinco milésimas en dieciséis años, en una serie que sufrió revisión metodológica en 2024, y en dirección contraria a lo que indican el Gini y la P90/P10, ambos a la baja. Es ruido presentado como tendencia.
- Comparación de un trimestre con una media anual. El perfil de 2026 contrasta datos del segundo trimestre con series anuales sin corrección estacional, en una economía con hostelería y comercio marcadamente estacionales.
- La brecha de género queda fuera. El propio estudio la declara como limitación: 24.808 euros para las mujeres frente a 31.034 para los hombres en Asturias en 2023, con una diferencia superior a la media nacional. Es, junto con la brecha terciaria, el hallazgo peor explorado y probablemente el más consecuente.
Ninguna de estas observaciones invalida el trabajo. Todas restringen el tipo de inferencia que legítimamente puede extraerse de él, que es precisamente la fórmula con la que el estudio cierra su propia auditoría de Electomanía. La aplicamos por consistencia.
12. Tesis: qué explica de verdad el salario asturiano
Recapitulemos lo que sostenemos, separando lo verificado de lo interpretado.
Verificado. El salario real medio español de 2025 es un 4,2 % inferior al de 2008. Asturias pasó del 103,5 % de la media salarial española en 2020 al 94,9 % en 2025. Asturias fue en 2025 la única comunidad autónoma en la que descendió el coste laboral. Su tasa de actividad, 52,41 %, es la más baja de España. Su paro juvenil supera al nacional mientras su paro general es inferior. Registra 1,44 cotizantes por pensionista frente a 2,34 nacionales.
Interpretado. El problema salarial asturiano no procede principalmente del declive industrial, que aporta menos de un punto a la brecha, sino del sector servicios, que aporta más de seis y cuya desventaja se ha abierto entera entre 2021 y 2025 después de haberse casi cerrado en 2019. La caída de 2025 tiene rasgos de efecto composición —sustitución de empleo industrial por empleo hostelero— más que de rebaja salarial. Y el cuadro de indicadores con el que se evalúa la política regional está construido de modo que ninguno de estos dos hechos resulte visible.
Lo que ambos documentos aciertan de pleno, y con lo que cerramos, es el desplazamiento de la pregunta. Asturias puede alcanzar tasas de ocupación satisfactorias con empleo terciario de baja remuneración y seguir perdiendo posición salarial año tras año. Puede reducir el paro y aumentar el empleo mientras una parte creciente de sus jóvenes concluye, con fundamento, que su vida no cabe aquí. No hay contradicción: son dimensiones distintas de una misma transformación, y solo una de ellas aparece en los titulares.
La cuestión no es si Asturias está mejor o peor. Es quién está capitalizando la mejora y quién está pagándola. Los datos permiten formular la hipótesis; corresponde a la política decidir si quiere medirla.
Nota metodológica
Este artículo audita dos documentos de trabajo inéditos —Salarios, estructura social y territorio (septiembre de 2026) y Asturias 2026. Perfil sociológico y económico, primera parte (septiembre de 2026)— cuyos datos proceden de INE (Encuesta Trimestral de Coste Laboral, tablas 6038 y 6061; Encuesta Anual de Estructura Salarial, tablas 28184, 28187, 28191 y 28200; Encuesta de Población Activa; IPC, tabla 24077; Atlas de Distribución de Renta de los Hogares 2023; Contabilidad Regional), SADEI y Seguridad Social.
Los cuatro gráficos son elaboración propia sobre los datos recogidos en las tablas de este artículo. Se descartó el mapa coroplético de concejos por no disponer de geometría municipal asturiana verificada: una aproximación dibujada a mano habría introducido un error geográfico incompatible con el resto del aparato. El gráfico de dispersión cubre la misma información territorial sin ese riesgo.
La descomposición del apartado 6
La brecha se descompone en un efecto estructura y un efecto retribución. Siendo w el peso de cada sector en el empleo y s su coste salarial medio, el efecto estructura compara Σ(wast·sesp) con Σ(wesp·sesp) —qué ocurriría si Asturias pagase los salarios españoles con su propia mezcla sectorial— y el efecto retribución recoge Σ[wast·(sast−sesp)] dividido por la media española. Los pesos se renormalizan sobre industria, construcción y servicios, que es el universo que cubre la ETCL.
Esta descomposición tiene dos límites que conviene declarar. El primero: los pesos sectoriales proceden de la EPA y los costes salariales de la ETCL, dos operaciones con universos y unidades de análisis distintos; la Tabla 5 mide cuánto importa ese desajuste y la respuesta es que poco, pero no es lo mismo que eliminarlo. El segundo: los tres grandes sectores son agregados muy gruesos, de modo que el «efecto retribución» de los servicios contiene, sin poder separarlos, tanto un efecto de composición de ramas dentro del terciario —menos servicios avanzados en Asturias— como un efecto de menor pago a igual actividad. Distinguirlos requiere microdatos, y es la línea de trabajo que este artículo señala como más urgente.
Nota de versión
Esta es la segunda versión del artículo. La primera fue sometida a revisión metodológica externa, que detectó correctamente una inconsistencia en el denominador nacional de 2025 —hoy declarada en el apartado 11— y reclamó una descomposición formal en lugar del cálculo aproximado que contenía el apartado 6. Ambas correcciones se han incorporado, junto con una unificación terminológica entre coste laboral, coste salarial y salario, y la matización de varias formulaciones que presentaban como resultados lo que eran hipótesis. La descomposición formal, una vez hecha, refuerza la conclusión original en lugar de debilitarla.
Los cálculos de ventaja y desventaja sectorial de la Tabla 3, la descomposición contable de la brecha regional del apartado 6, la distribución temporal de la caída del arco del apartado 5 y las ratios mediana/media del apartado 7.4 son elaboración propia sobre los datos publicados en dichos documentos.
Las cifras de la EPA del segundo trimestre de 2026, la variación del coste laboral por comunidades autónomas en 2025 y la cuantía del salario mínimo interprofesional de 2026 han sido contrastadas con fuentes públicas independientes de los documentos auditados. Las cifras correspondientes a 2026 mantienen carácter provisional hasta la publicación de las series definitivas del INE.
Marco teórico de referencia
Segmentación del mercado de trabajo (Doeringer y Piore, 1971; Toharia, 1983; Recio, 1991; Prieto, 2002). Límites de la teoría del capital humano (Becker, 1964; Mincer, 1974). Dualización social (Rueda, 2007; Emmenegger et al., 2012; Polavieja, 2003; Bentolila, Dolado y Jimeno, 2012). Estratificación y reproducción (Erikson y Goldthorpe, 1992; Wright, 1997; Bourdieu, 1979). Causación circular acumulativa y división espacial del trabajo (Myrdal, 1957; Massey, 1984; Krugman, 1991).
El Gaviotu · Línea de Economía y reindustrialización. Este documento es un análisis de trabajo abierto a réplica. Las correcciones señaladas a los estudios auditados se formulan con ánimo de mejora y sin cuestionar la solidez general de ambos trabajos.
