Hombre mayor caminando frente a ofertas de empleo en una ciudad asturiana, representando las dificultades de acceso al mercado laboral para trabajadores de más de 60 años en Asturias.
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Solo el 31,6% de los mayores de 60 trabaja

El Principado acumula una brecha de 21,5 puntos con la media europea y las cuencas mineras registran las tasas más bajas de toda España

Asturias tiene un problema laboral que no aparece en los titulares de la reconversión ni en los discursos sobre la transición energética, pero que condiciona el presente y el futuro de decenas de miles de familias, la tasa de empleo de los asturianos de entre 60 y 69 años se sitúa en el 31,6%, cuatro puntos por debajo de la media española y a más de 21 puntos de distancia del promedio de la Unión Europea, que alcanza el 53,1%. Los datos, correspondientes al cuarto trimestre de 2024, proceden de la EPA, el SEPE, SADEI y Eurostat, y dibujan un panorama en el que el envejecimiento demográfico, el legado industrial y la inercia de las jubilaciones anticipadas se retroalimentan sin que ninguna reforma haya logrado invertir la tendencia de fondo.

La región más envejecida de España, con menos trabajadores senior.

La fotografía demográfica es elocuente: 242 mayores por cada 100 jóvenes, el ratio de envejecimiento más alto del país. La población activa se ha reducido un 18,4% entre 2010 y 2024. En ese contexto, los 41.820 afiliados a la Seguridad Social en el tramo 60–69 años —con una tasa de paro senior del 8,4%— representan un colectivo cuya permanencia en el mercado laboral no es solo una cuestión personal, sino una necesidad estructural para la sostenibilidad del sistema de pensiones y de la propia economía regional.

La serie histórica lo confirma, desde el año 2000, Asturias ha mantenido sistemáticamente una brecha de entre cuatro y seis puntos por debajo de la media nacional, que a su vez marcha muy por detrás de la referencia europea. En 2008, antes de la crisis financiera, la tasa asturiana era del 22,9% frente al 38,5% de la UE. El golpe de la Gran Recesión la hundió hasta el 17,9% en 2012. La recuperación posterior fue lenta y parcial, y cuando la pandemia sacudió el mercado laboral en 2020, Asturias volvió a caer con más fuerza que su entorno: una exposición al sector industrial que amplifica cada convulsión.

Un 9,5% se jubila por trabajos penosos, el triple que la media nacional.

La clave para entender por qué Asturias se descuelga del resto está en la estructura de sus jubilaciones. El Principado presenta el mayor porcentaje de España en jubilaciones acogidas a coeficientes reductores por actividades penosas, un 9,5% del total, frente al 2,8% de media nacional. Se trata de mineros del carbón, trabajadores de los altos hornos, fundiciones y astilleros que, por la dureza de sus condiciones laborales, acceden al retiro entre tres y cinco años antes de la edad ordinaria. Este colectivo, heredero directo de la historia industrial asturiana, deprime la tasa de ocupación senior de forma estructural y permanente.

La jubilación ordinaria solo absorbe el 32,1% de las altas, mientras que las anticipadas —voluntarias e involuntarias— suman otro 39%. La jubilación demorada, que las sucesivas reformas han intentado incentivar, apenas alcanza el 7,2%, y la jubilación activa, compatible con el trabajo parcial, se queda en el 6,8%. El mensaje de los datos es claro, en Asturias se sale antes del mercado laboral y, una vez fuera, casi nadie vuelve.

Un porcentaje en 26 puntos de brecha entre hombres y mujeres.

El desglose por género agrava el diagnóstico. Los hombres asturianos de 60 a 69 años registran una tasa de empleo del 45,4%, ya de por sí baja en comparación con el 73,8% europeo. Pero las mujeres se quedan en un 19,4%, una cifra que apenas supera una quinta parte de lo que marca la referencia continental (35%). La brecha de género interna es de 26 puntos porcentuales, reflejo de generaciones de mujeres que accedieron tarde o nunca al empleo formal y de carreras laborales más cortas e intermitentes.

El tramo de edad también importa: entre los 60 y los 64 años la tasa asturiana es del 44,1%, todavía comparable con la dinámica de un mercado que retiene a los trabajadores hasta la edad legal. Pero a partir de los 65, se produce un desplome al 12,6%, frente al 36,4% europeo. La frontera de los 65 sigue funcionando en Asturias como una puerta de salida casi absoluta, algo que en buena parte de la UE ha dejado de serlo.

El mapa de la jubilación temprana , Langreo, Mieres, Cangas del Narcea.

La distribución territorial confirma lo que intuye cualquiera que conozca las comarcas asturianas. Oviedo lidera con un 33,8% de tasa de empleo senior, dos puntos por encima de la media regional, seguido de Gijón con un 32,4%. Son los dos núcleos de servicios, los que más se han diversificado tras la desindustrialización.

En el extremo opuesto, las cuencas mineras: Langreo registra un 24,8%, Mieres un 23,4% y Cangas del Narcea un 21,2%, diez puntos por debajo de la media asturiana. Allí la cadena es directa: cierre de las explotaciones de carbón, prejubilaciones masivas, baja actividad económica posterior, y una población senior que lleva décadas fuera del mercado de trabajo. No son cifras de un informe macroeconómico: son pueblos enteros donde casi nadie mayor de 60 tiene un empleo.


Tres reformas, efecto limitado.

España ha aprobado tres grandes reformas de pensiones desde 2011, todas con la ambición de prolongar la vida laboral. La Ley 27/2011, que elevó la edad de jubilación de 65 a 67 años de forma gradual, tuvo un efecto menor en Asturias porque el grueso de los trabajadores acogidos a coeficientes reductores quedó exento. El Real Decreto-Ley 5/2013, que permitió compatibilizar jubilación y trabajo parcial, apenas caló fuera del sector servicios de Gijón y Oviedo.

La reforma de 2021 (Ley 21/2021) introdujo un incentivo potente —hasta un 4% adicional por año de demora en la jubilación—, pero su impacto estimado en Asturias se queda en 1,2 puntos porcentuales, porque el incentivo atrae sobre todo a trabajadores con bases reguladoras altas, no al perfil industrial predominante en la región. El Plan SEPE de 2023, dotado con 12 millones de euros en bonificaciones a la contratación de mayores de 55, priorizó el sector sanitario y sociosanitario: un parche necesario, pero insuficiente para alterar la inercia.

La propuesta del Pacto de Toledo de 2025, actualmente en tramitación, contempla flexibilizar la franja 63–65 años y permitir reducciones de jornada sin penalización. Si se aprueba, Asturias sería una de las comunidades más beneficiadas, con un impacto estimado de 1,8 puntos. Pero el condicional es grande.

Del estancamiento a la oportunidad, los tres escenarios para 2030.

Las proyecciones elaboradas con la metodología de cohortes del Banco de España, adaptada al perfil demográfico asturiano, plantean tres horizontes muy distintos para 2030.

Escenario base, sin medidas adicionales más allá de la inercia de la reforma de 2021, la tasa subiría al 37,6%, una ganancia de seis puntos en seis años. Insuficiente para cerrar la brecha con Europa, pero al menos una tendencia positiva.

Escenario optimista requiere la puesta en marcha de un Plan de Empleo Senior específico para Asturias, la materialización del polo de hidrógeno verde de ArcelorMittal en Avilés, bonificaciones del 100% en Seguridad Social para la contratación de trabajadores entre 60 y 65 años, y programas de reciclaje profesional para perfiles industriales en transición. Con todo eso, la tasa podría alcanzar el 46,4% en 2030, una ganancia de casi quince puntos. Ambicioso, pero no imposible si hay voluntad política y recursos.

Escenario adverso contempla la desinversión industrial, la continuación de la sangría demográfica y un aumento del ratio de pensionistas por cotizante. El resultado: un estancamiento en el 32,1%, apenas medio punto por encima de la situación actual. En este escenario, Asturias se quedaría atrapada en una trampa de baja actividad senior de la que sería muy difícil salir.

Resumimos en que es un problema estructural que exige respuestas específicas.

Los datos del Observatorio de Empleo Senior no dejan lugar a interpretaciones ambiguas. Asturias no tiene un problema coyuntural de empleo entre los mayores de 60, tiene un problema estructural, heredado de su historia industrial, agravado por la demografía y perpetuado por un modelo de jubilación que expulsa a los trabajadores antes de tiempo sin ofrecer alternativas reales de reincorporación.

Las reformas nacionales ayudan, pero no bastan. Lo que los números piden es una política específica para Asturias que reconozca la singularidad de sus cuencas, la gravedad de la brecha de género en las cohortes senior y la necesidad de crear empleo adaptado —en jornada, en exigencia física, en formación— a quienes todavía tienen una década productiva por delante. El margen entre el escenario optimista y el adverso no es una abstracción estadística: son quince puntos de diferencia que se traducen en miles de personas con empleo o sin él, en ingresos familiares, en cotizaciones al sistema y, en última instancia, en la viabilidad de una región que envejece más rápido que ninguna otra en España.

Fuentes consultadas: EPA-INE, SADEI, Eurostat, SEPE Asturias, OCDE, Banco de España. Periodo: T4 2024. Proyecciones: junio 2025.

Imagen conceptual que muestra la transición de Asturias desde la industria pesada y la siderurgia hacia una economía basada en servicios, tecnología y trabajo de oficina.










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